Por Margarita Laso
mlaso@hoy.com.ec
La piel de este árbol es rugosa, húmeda, dura. Es una de estas especies delgadas y largas que alcanza la luz saliendo del bosque entre las ramas crespas de otros árboles. Una de mil especies o de dos mil, una de las pieles. Hay prodigios en este mundo, pero el de los árboles es inconmensurable. En este suelo, el ecuatoriano, crecen raíces de puma maquis secoyas cedros caobas. Aquí, en la Amazonía, se alzan estos troncos, estos brazos de la tierra que quieren atajarse los cometas. Silenciosos, apuntan a lo lejano, su horizonte es la oculta mirada del Sol rey. Sigilosos y lentos tal vez, escuchan a las ranas afinar la lluvia, y las gotas que caen en los conos de las hojas. Las ranas minúsculas con sus dedos de bolita acuden al desfile de diseños enloquecidos: la ancestral fertilidad y la vida. Asombro para los ojos que viven. Cuando se dice Yasuní, se nombra este bosque, el agua, el aire, la fecunda tierra.
¿Qué son para nuestros oídos quinientas especies de pájaros sino un canto incapturable? ¿Qué son las plumas multicolores que aquí forman este cinturón para cargar guaguas?
El Yasuní no da nombre solo a un Parque Nacional, no es solo una reserva de aire o de recursos, una visita un viaje una prohibición de paso, el paso de la imaginación. El Yasuní nombra unos anhelos: no destruir los delfines de lo desconocido, no derribar los posibles panales de la memoria futura, no tener que quitarnos la brea de la cara. Desde lejos, pensamos el bosque como el lugar del equilibrio y la convivencia de especies, pero no podemos ver los pasos de los que viven ahí, de los que llevan un mono en el hombro, de los monos que llevan esta fruta que no conoceremos en la mano, de la fruta que lleva la hoja y de la hoja que ha sido insecto y del insecto que ha sido pájaro. Creemos sí -aquí lejos- que no se debe poner en peligro al hombre que carga el mono, ni al mono que pela la fruta, ni a la fruta que es insecto y hoja y pájaro. El Yasuní nombra un río, no un sendero desbrozado, no una tubería, no una cifra de barriles. El Yasuní designa un emblema humano. Y lo humano viene de humus como el humus del bosque. El tesoro humano. No los pueblos que viven sin contacto solamente. Nombra a la gente que los nombra. Que da nombre a lo que suspira y fulgura en las lomas húmedas. Nombra a quienes viajan con pasaportes ecuatorianos, que muestran un cóndor próximo a desaparecer sobre una nieve próxima a desaparecer sobre la ría llena de sedimento donde el buque está próximo a desaparecer. Es un pasaporte que pone una suerte de fecha de caducidad al país que hemos vivido, pero que lleva el Ecuador posible, entre cientos de países, a defenderse de la explotación de la naturaleza, de la sequía, de la basura. Y hay talento, buena fe, autodeterminación, pies en la tierra, cerebro visionario. El Yasuní nombra también el corazón de esta carga, este pasaporte pasajero, este proceso. Puesto en el futuro, es un corazón cargado de semillas, es un cono vegetal lleno de agua, es una raíz en pleno crecimiento.
Hora GMT: 16/Enero/2010 - 05:06
