Giovanni Carrión Cevallos
analisis@hoy.com.ec
Al revisar el blog de noticias del Municipio de Loja, nos encontramos con textos curiosos como el siguiente: "En los últimos seis años, el Gobierno Municipal de Loja ha suscrito alrededor de 46 convenios de hermanamiento y de asesoramiento en buenas prácticas seccionales con los municipios del norte del Perú. Por la labor de integración que el alcalde de Loja viene impulsando, ha sido invitado por la Cancillería del Perú a la ciudad de Lima para que sustente una conferencia el 18 de junio".
De la manera en la que se redacta la nota, la actual administración municipal sería una especie de ejemplo o modelo a seguir, particularmente para muchos gobiernos seccionales del norte peruano, en aquello del manejo responsable y técnico de la cosa pública.
No obstante, este hecho, en la práctica, se enfrenta a una realidad mucho más compleja, pues no hay como soslayar que un importante y cada vez creciente sector de la ciudadanía lojana cuestiona abiertamente el trabajo desarrollado por el actual Ayuntamiento, al que -valga decir- se responsabiliza por haber reducido a ese cantón a la condición de aldea como resultado de la ausencia de una verdadera planificación.
De ahí que nos preguntamos ¿cómo así surgen estos reconocimientos internacionales para una administración que, paradójicamente, no ha logrado atender las demandas básicas de la población? Cabe insistir que, pese a que han transcurrido más de siete años de presencia socialista, aún siguen temas pendientes de resolución, como la dotación de agua potable y alcantarillado, el desarrollo y el crecimiento urbanísticos ordenados, el mantenimiento de calles y avenidas, el mejoramiento de la movilidad humana, el uso racional de los espacios públicos, la ampliación de áreas verdes para la recreación y el deporte, la promoción de la actividad productiva y turística del vecindario, la mejora del sistema de mercados, tratamiento de los desechos sólidos, el cuidado de los ríos, el funcionamiento del parque industrial, etc.
Por lo visto, las autoridades seccionales del norte del Perú, o bien conocen muy poco la lacerante realidad de Loja o estos acuerdos de fraternidad son actos apenas diplomáticos y cuya trascendencia, consecuentemente, no va más allá de lo que se extiende una sesión solemne en la que todos los asistentes, en especial las autoridades, cruzan amplias sonrisas y fuertes palmadas de espalda.
En esta parte, nos preguntamos ¿qué podría el señor alcalde presentar como aporte novedoso ante un auditorio limeño en aquello de las buenas prácticas seccionales? ¿Qué mecanismos efectivos de integración o participación son los que el Municipio de Loja ha desarrollo y que merezcan ser destacados en ese foro?
En fin, el señor alcalde, aunque sea tarde, debería comprometerse en liderar un proyecto renovador que ubique al cantón en el andarivel del progreso y el crecimiento permanentes. Estamos seguros de que, desde esa perspectiva de trabajo, los pactos de fraternidad no serán otra cosa que el reflejo de una gestión municipal que se proyecta por sí sola allende las fronteras y que perdura mucho más que la insustancial foto protocolaria.
Ciudad Quito
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