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Lo que somos…

Publicado el 05/Febrero/2012 | 00:37

Por: Mario Ponce Lavalle*
analisis@hoy.com.ec

Mucha tinta ha dejado correr la prensa escrita, y mucha saliva ha gastado la que se escucha y ve, con el tema del centenario del brutal asesinato de Alfaro -reseñando con justicia su obra- de manera amplia y documentada; pero manifestando el respeto que se debe hacia quien se erige como uno de los pilares fundamentales de la nacionalidad ecuatoriana, pienso que no es lo único, ni tampoco la quintaesencia de lo que somos luego de dos siglos como sociedad libre e independiente.

La historia, que se presenta a veces caprichosa e inquietante -e invita a la reflexión-, nos ofrece el análisis de la siguiente situación: en la misma fecha, 28 de enero, pero 75 años después del martirio de El Ejido, muere en Quito Galo Plaza Lasso, un demócrata como pocos; de ancestro liberal pero de concepción práctica y visionaria, expresidente constitucional de la República, al cual siempre lo distinguieron su tolerancia y respeto a la opinión ajena, así como su deseo ferviente de proyectar al Ecuador hacia el futuro, como parte protagónica de un mundo interrelacionado y no como parte de pequeñas agrupaciones resentidas.

Plaza fue elegido, por consenso de los países americanos, a la máxima dignidad de la OEA, y por consenso también, árbitro y negociador de paz bajo la ONU, en conflictos como el chipriota, instancias en las cuales exhibió la bandera del éxito, y situó al Ecuador dentro de la noticia positiva y no solamente de aquella que destaca por el dislate o el escándalo mediático.

Y siguiendo con los caprichos de la historia, y de esta inusual "alineación de los astros", nótese que solamente tres días después del macabro crimen de Alfaro, nace igualmente en Quito otro ecuatoriano de excepción: Camilo Ponce Enríquez; también expresidente constitucional de la República, de concepción de derecha y filosofía socialcristiana, a quien sus enemigos políticos y agoreros presagiaron un Régimen de mano dura y concentración de privilegios, y a los cuales, al cabo de cuatro años de fructífera labor, demostró que pocas veces el Ecuador disfrutó del respeto a la Ley y a las libertades individuales, amén de legar una obra pública moderna y fundamental para un país que -en aquel entonces- era muy pobre y de escasos recursos, a diferencia del que hoy vivimos.

Ponce Enríquez, Plaza Lasso, Alfaro y muchos otros, como García Moreno, Velasco Ibarra, Yerovi Indaburu y Ayora, solo por mencionar algunos, hicieron -entre todos- lo que hoy es el Ecuador. Durán Ballén y Mahuad nos legaron una paz con el Perú -esquiva por siglo y medio- con cierto olor a dignidad. La historia no se debe deformar y hay que digerirla sin pasiones ni banalidad. Lo que somos es la suma de esfuerzos, buenos y malos, y sobre aquello deberemos continuar. Debemos procurar gobernantes que actúen y piensen como un buen padre de familia: usar bien los recursos; unir y no separar; todos los hijos son iguales: merecen estímulo y ayuda, ninguno debe ser excluido ni estigmatizado. Eso somos.

*Arquitecto, invitado de HOY

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cguerrero - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Comentarios

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  1. 1 Estuardo Melo desde - Quito

    Sería justo realizar un análisis que relacione el PIB traído a valor presente con el monto de las obras de gobiernos que fueron construyndo la vida nacional. En un país que nació endeudado por las batallas de independencia, con insipientes desarrollos productivos y enorme pobreza de sus ciudadanos, se comenzó a aplicar los principios de la revolución francesa gracias a Alfaro, la Democracia, gracias a Plaza y afanes de integrarse a la civilización occidental gracias a madatarios de mente abierta

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