Al igual que el proceso de erupción del Tungurahua, las torrenciales lluvias e inundaciones, que afectan a todas las provincias de la Costa y a algunas de la Sierra, dejan miles de damnificados, destrucción y pérdidas humanas y materiales, y dejan también al descubierto la desprotección de amplios sectores de la población, el abandono, la pobreza y la falta de servicios básicos en múltiples zonas del país.
En estos casos, los grupos que sufren las mayores pérdidas y pasan por una situación de riesgo para su vida, salud y trabajo, son aquellos que cuentan con menores recursos, viven en condiciones más precarias y, de un momento a otro, se hallan con sus viviendas destruidas, no pueden habitar en ellas, o pierden sus escasos bienes.
Entonces se evidencia más aún la abismal distancia entre los debates políticos, la incesante e inútil confrontación, los discursos y propaganda de cambio y la realidad de las mayorías.
El Gobierno asignó ayer $25 millones para la emergencia en el Litoral, que se suman a un primer aporte de $10 millones a fines de enero. La prolongación de la etapa de lluvias aumentará los daños y la destrucción. Todo esfuerzo nacional debe volcarse a dar solución duradera a estos males. Urge atender con celeridad la emergencia; pero hay que dedicar recursos a las obras para evitar estas catástrofes cíclicas con las inundaciones, prevenir los riesgos naturales y, sobre todo, a combatir la hiriente pobreza y precarias condiciones de la población más vulnerable.
Hora GMT: 20/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO
