PARÍS.- La muerte de una francesa de 52 años, Chantal Sébire, que sufría un tumor incurable y a quien la justicia negó a inicios de esta semana la eutanasia, aviva la polémica sobre el derecho a la muerte.
Esta ex profesora, madre de tres hijos, sufría desde 2002 de un tumor raro y degenerativo, un estesioneuroblastoma o neuroblastoma olfativo, con tan solo 200 casos registrados en el mundo en 20 años. Se trata de una enfermedad incurable y que además provoca sufrimientos atroces. Sébire contó que el mal le estaba dejando ciega y que ya había perdido su olfato y gusto.
La mujer había hecho una demanda a la justicia francesa para ser sometida a la eutanasia y, en su petición, relataba su sufrimiento intenso y permanente y el carácter incurable de su enfermedad.
Sébire escribió también al presidente francés, Nicolás Sarkozy, que le propuso que aguardara a otra opinión médica para garantizar que todas las vías actuales de la medicina hayan sido exploradas.
Por su parte, la ministra de Justicia, Rachida Dati, sentenció que la medicina no está ahí para administrar sustancias letales.
Por el contrario, el canciller francés, Bernard Kouchner, se había pronunciado a favor de que se concediera el derecho de morir por eutanasia a Sébire.
Llegué al límite de lo que puedo soportar. Mi hijo y mis hijas ya no pueden verme sufrir así, había declarado Chantal a finales de febrero. Combatí este tumor durante seis años, no quiero que él tenga la última palabra. Quiero festejar una última vez con mis hijos y quiero morir al alba, dijo en otra ocasión.
En Francia, una ley de 2005 contempla en algunos casos el derecho a morir, es decir la suspensión del tratamiento para enfermos sin ninguna esperanza, aunque se prohibe terminantemente a los médicos que practiquen una eutanasia.
Esta legislación fue votada después de un caso que conmocionó a la opinión pública, en el que un tetrapléjico de 22 años murió gracias a la intervención de su madre y su médico.
Aunque era el deseo de Chantal, siento mucha tristeza porque era una mujer excepcional, de una gran fuerza y voluntad y un gran deseo de llevar adelante un combate formidable, el del fin digno de la vida, dijo Jean-Luc Romero, presidente de la Asociación Francesa por el Derecho a Morir Dignamente.
Un caso similar
A finales de septiembre de 2006, el italiano Piergiorgio Welby, un paraplégico de 60 años, envió al presidente de su país, Giorgio Napolitano, una carta video en la que clamaba que le apoye en su pedido de que se le practique la eutanasia.
Desde sus 30 años edad, padecía una distrofia muscular progresiva que le impedía hablar, caminar y moverse, y su vida dependía de una máquina que le ayudaba a respirar.
Gracias a un sintetizador, pudo grabar el video en el que, con voz metálica, afirmaba que su grito no era de desesperación, sino que está cargado de esperanza humana y civil para el país y que su estado era el de una persona que ha perdido todas las esperanzas y solo deseaba no despertarse al día siguiente.
Tres meses después, un médico anestesiólogo desconectó el aparato que le mantenía con vida.
Su caso, que llegó hasta las más altas esferas políticas, hizo que el presidente Napolitano abriese el debate en Italia sobre si el país debería considerar la legalización de la eutanasia.
Esta muerte asistida se sumó a otras similares, que son recordadas por la polémica que les rodearon. En otros casos que causaron polémica, está el del español Ramón Sampedro en 1998, o la de la estadounidense Terri Shiavo, quien sufrió un accidente que le provocó graves daños cerebrales y quien falleció de forma asistida en 2005, luego de que su esposo y sus padres libraran una fuerte disputa legal. (PR/AFP)
Una historia que fue llevada al cine
A sus 25 años quedó tetrapléjico tras lanzarse al agua y golpear una roca.
Ramón Sampedro murió en su casa en 1998 por enven
Hora GMT: 22/Marzo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO
