Bernardo Tobar Carrión
btobar@hoy.com.ec
La libertad de empresa, protegida expresamente en la anterior Constitución, no goza de garantÃa especÃfica en la Carta de Montecristi; habrÃa que construirla a fuerza de inferencias interpretativas, tarea que tropieza con ambigüedades como la del Art. 66 (15), que se refiere al derecho a realizar actividades económicas en forma individual o colectiva, bajo los principios de solidaridad y responsabilidad social y ambiental. Dicho en castellano, producción comunitaria y cooperativismo, y en tanto no haya ánimo de lucro, incompatible con el Sumak Kawsay. Cierto que el Art. 319 reconoce, entre otras formas de producción, la organización empresarial, pero en un contexto -Art. 335- en que el Estado "regulará, controlará e intervendrá, cuando sea necesario, en los intercambios y transacciones económicas", con atribución incluso para definir polÃticas de precios, mientras podrÃa, con recursos de los contribuyentes, alimentar la formación de empresas públicas que compitan, en evidente situación de privilegio, con el sector privado.
En sÃntesis, Montecristi nos entregó a regañadientes una libertad de empresa -si todavÃa puede llamarse asÃ- bastante condicionada y vulnerable. De cumplirse esta desafortunada ley suprema en toda su extensión, darÃa lo mismo tener un funcionario público con poder de veto sentado en el directorio de cada empresa. La izquierda radical desdeña la libertad económica, le desconoce su parentesco con los demás derechos humanos fundamentales, cuya raÃz ontológica comparte, la degrada en medida inversamente proporcional al aumento del tamaño del Estado.
La cuestión trasciende las paredes de los laboratorios donde los académicos experimentan con ideologÃa ya caduca y probada -por sus nefastos resultados- y la transforman en normas jurÃdicas, pues hay una relación directa y constante entre las oportunidades de empleo -y consiguientemente de bienestar social- y el grado de libertad económica. La décimo sexta edición del estudio sobre libertad económica publicado este año por el Instituto Cato posiciona entre los 10 paÃses con mejores Ãndices en esta materia a Chile y Suiza, cuyas tasas de desempleo en 2011 fueron de 6.6% y 3.1% respectivamente. Chile ha creado 639 000 empleos en los dos últimos años, aproximadamente el 4% de su población. En los paÃses ubicados en el cuartil más alto del Ãndice de libertad económica, el 10% más pobre tiene ingresos per cápita de $11 382, que es más del doble que el ingreso per cápita promedio de las naciones menos libres.
Chile, contra la etiqueta vendida por el socialismo latinoamericano, es comparable solo a Suiza en su férrea defensa de la libertad económica, eje central de su constitucionalismo tanto como en Ecuador lo es el bendito buen vivir.
Hemos sido demasiado conservadores como para romper los moldes ideológicos del siglo antepasado -¡Montecristi Vive Carajo!-, y aceptar que el crecimiento empresarial es un derecho social más, que las personas pueden aspirar tanto a expresarse libremente o a educarse y gozar de salud, como a emprender y aplicar su creatividad en la generación de fortuna y empleo. Que no hay salud social posible que no incluya las libertades, todas.
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Autor: Bernardo Tobar - btobar@hoy.com.ec Ciudad Quito








26/Septiembre/2012 a las 10:09
Pero estos enfermos de socialismo hasta le llaman del siglo 21, cuando en la realidad, regresan a las concepciones más retrógradas. Con un borreguismo...
26/Septiembre/2012 a las 13:48
La "libertad de empresa", siempre ha sido una farsa en el pais-mito, aun cumpliendo los requisitos se presentan obstaculos(a veces insuperables) incluso para vender en la via publica, si no son los policias y agentes edilicios que quieren su coima, estan las mafias de vendedores, prestamistas,etc., que llegan a la agrsion y robo del producto; si se trata de montar una fabrica pequeña, refrescos por ejemplo, a mas de los tramites, debera cuidarse de los abogados de las grandes empresas, que con la complicidad de funcionarios publicos, se inventan supuestas "copias" de marcas(asi tenga todas las letras diversas), iniciando juicios con jueces como el Chucki, es decir causa perdida, conozco decenas de casos como ese; ahora es lo mismo, solo que los afectados son los antiguos monopolistas.
27/Septiembre/2012 a las 00:49
Bernardo usted conoce muy bien que en una economÃa planificada, NO EXISTE LIBERTAD ECONÓMICA. Asà los dicen los autores del Indice mencionado.