Teodoro Bustamante
tbustamante@hoy.com.ec
La Ley de Cultura es otro ejemplo de cómo un discurso que aparentemente beneficia a todos tiene escondidas limitaciones que pueden contradecir totalmente sus declaraciones. Veamos algunos ejemplos: la ley establece que todos los bienes muebles que tengan más de 30 años pasan a ser bienes patrimoniales. Esto molesta, porque hasta mi bicicleta pasaría a ser bien patrimonial, para no mencionar las fotos de mi abuelita y cualquier recuerdo de mi infancia. Pero ¿se imaginan la capacidad que debería tener el estado para inventariar, cuidar y proteger los contenidos de todos los desvanes del Ecuador y para hacer seguimiento de los recuerdos de los mayores de 30 años?
Uno podría pensar que se trata simplemente de un error, y tal vez con simplemente cambiar la cifra de 30 a 90 se arreglan las cosas. Pero eso no es así. Este es sólo el error más craso, pero es en sí enormemente revelador. El afán fundamental de la ley es el de intervenir, controlar, todo lo que pueda ser considerado un bien cultural.
Otro ejemplo es el de la definición de productores independientes, que serían "los que estén libres de influencia por parte de circuitos de distribución masiva". Una definición absurda. ¿Hay alguien que este al margen de la influencia de esos circuitos? Y, además, ¿quién lo decide? Una definición mal hecha es el mecanismo que ya la Constitución inició para establecer el reino de la ambigüedad, que es la cuna de la arbitrariedad
La ley también hace una definición de empresas nacionales, con limitaciones tales como que deja de ser nacional quien tenga relación con el capital extranjero. Es una manera de discriminar las iniciativas que se desarrollen con otros países. Es una concepción de aislamiento, a pesar de que el párrafo siguiente se llene de una retórica latinoamericanista.
Se trata además de una ley extraordinariamente centralista. La gestión privada en la cultura es tratada en un solo artículo y la participación de los organismos seccionales es solamente considerada en cuanto subordinada y sometida al abultado aparato del Estado que se crea.
Se interviene en todas las instituciones existentes, conservatorios, bibliotecas, museos, y a todas se las somete a un aparato pesado pero siempre dependiente del poder ejecutivo.
¿Qué hay detrás de todo esto? Yo veo tres elementos. El uno es la maña, es decir, crear más pretextos y subterfugios para intervenir discrecionalmente en cualquier cosa que a algún político inescrupuloso se le ocurra en un momento dado. La segunda es la comprensión de que la cultura, la memoria los símbolos son los instrumentos que los seres humanos tenemos para entender y liberarnos de las formas de dominación. Apagar, administrar, comprar y castrar esos símbolos separándolos de los valores que los sustentan es parte de una estrategia de dominación.
Para terminar, la ley es terriblemente parroquial, casi nos aísla y no reconoce la gran necesidad de insertarnos en la producción cultural mundial. Esta ley también merece ser derrotada.
Hora GMT: 10/Marzo/2010 - 05:06

10/Marzo/2010 a las 08:16
El patrimonio cultural está siendo amanezado en todo el mundo, ya sea porque empresas privadas quieren apropiárselo para exprimirlo económicamente, ya sea porque los Estados quieren controlar y encorsetar las iniciativas culturales de la población.
Por encima de la libertad de expresión está la libertad de pensamiento. Y sin una cultura dinámica y abierta, eso es casi imposible. Y eso es lo que está en juego
http://tiemposprosaicos.blogspot.com/2010/02/por-que-lo-llaman-derechos-de-autor.html
10/Marzo/2010 a las 12:41
Como gran representante de nuestra cultura, el columnista es un crítico a la medida de nuestra tradición. Criticar es sólo ver lo malo, a partir de ahí cabe descartar todo. Muy utilitario para los detalles, que anulen. No para ver la totalidad y relacionar las partes unas con otras. Ya sentenció, nos jodimos.
LA ESTRECHEZ DE MIRAS DE NUESTRA CULTURA ES ENORME.
14/Marzo/2010 a las 12:55
Una vez más el gobierno de la revolución ha hablado, lesionando la libertad y propiedad privada, ¿por qué tiene que el Estado ser dueño de mis recuerdos o bienes traspasados de generación en generación, por herencia y tradición familiares?, o comprados con mis peculios, símbolos que conforman nuestros rasgos individuales o de familia y sello particular, nadie tiene por que tocar lo que es nuestro, carambas, hasta en eso se quieren meter, es el colmo, uffff, esperemos que esta pesadilla del siglo XXI al fin se termine lo más pronto posible. ¿Y dónde queda la propiedad intelectual?, ¡se nos quieren robar hasta la identidad!