Por Jaime Acosta Espinosa
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Cuando el cielo se encapota, anuncia borrasca y así sucede. Este signo de los tiempos recogido por el Evangelio se repite también en el temporal político, conmovido en estos días por fuertes vientos, abundantes precipitaciones y temerosos fenómenos bélicos. Todo nos invita a guarecernos y esperar. Pero, en medio de la tempestad que ya comienza o se avecina, no solo escuchamos inclemencias y temores. De cuando en cuando, soplan también vientos suaves, alegres y reconfortantes que levantan el espíritu y le devuelven la calma.
Esa clase de vientos propicios nos trajo desde Alemania la orquesta juvenil de Baden Wurtemberg que, dentro de una red cultural promovida por la Embajada de Alemania, se paseó y deslumbró, durante algunos días, por varios escenarios del país.
Esta orquesta, especializada en reclutar jóvenes músicos selectos de la región, ha conseguido fama y novedad entre otros grupos de su género. Su carta de presentación dice que sus artistas tienen "experiencia temprana de tocar en orquesta, conocer las grandes obras clásico-románticas de la literatura para orquesta y tener homogeneidad pedagógica antes de trabajar y, más tarde, durante los ensayos en escena". He aquí un programa más valioso y duradero que cualquier concierto, pues, con estas frases, se exhibe a la música como una expresión sublime de valores, de vitalidad, de solidaridad, de cultura, de éxito por el trabajo y de búsqueda mancomunada de un objetivo común que, sin la colaboración de muchos, sería imposible. Fue conmovedor observar cómo de manos juveniles fluía, con tanta gracia y maestría, todo un universo de música, compuesto por momentos insondables y gozosos, serios y graciosos, grandiosos y sencillos. Una vez más se puso de manifiesto que la música, gracias a su hábil unión con el público, y mediante la recreación de partituras clásicas y románticas, vuelve a hacerse fresca, como si fuera ejecutada por primera vez y a lo mejor con mayores recursos técnicos que los empleados hace siglos ante el auditorio original.
Así se logra ampliamente no solo gratificar el sentido estético, sino también alimentar las infinitas posibilidades de nuestro ánimo. ¡Cuánta magnificencia de promesas y atractivos se esconden en un cuarteto o en una sinfonía, pues son capaces de cautivar, conmover y liberar todo un torrente de ensueños, ilusiones y fantasías, propias del diálogo interior de las melodías!
Un fervoroso de la música como el Papa Benedicto XVI reaccionaba ante una explosión sinfónica con estas palabras: "Existe una parte intacta del mundo, incluso después de la torre y de la soberbia de Babel, y es la música: el lenguaje que todos podemos entender, porque toca el corazón de todos nosotros. Esto nos da garantía de que la bondan y belleza de la creación de Dios no se han destruido, sino que estamos llamados y somos capaces de trabajar por el bien y la belleza, y son también una promesa de que llegará el mundo futuro, de que Dios vence, de que la belleza y la bondad vencen".
Hora GMT: 13/Septiembre/2009 - 05:10
