Por Teodoro Bustamante P.
Se acaba de promulgar una nueva Constitución. Para algunos, tal vez sea un momento de esperanzas, otros más bien ven en el nuevo régimen razones de temor y de pesimismo.
Por ello, es un buen momento para preguntarnos cuán legítimo es el flamante cuerpo legal que entrará en vigencia en estos días.
Los partidarios de ella argumentarán que el 63,9 % de votos a favor representa un masivo respaldo popular y que con ello está resuelto todo el problema.
Tal apoyo es, sin lugar a dudas, un factor legitimante. Pero lejos está de resolver todo el problema. La legitimidad requiere de mucho más que simplemente ganar elecciones o plebiscitos. Ya se ha dicho: Gobiernos muy ilegítimos han ganado sistemáticamente elecciones y consultas; los gobiernos de Hitler y Stalin están entre ellos.
La legitimidad requiere de procesos electorales adecuados, y aquí el parto de la nueva Constitución tiene muchas más manchas y debilidades.
El uso totalmente anti-ético de los recursos fiscales en la campaña a favor del Sí es la más reciente manifestación de esas sombras. Pero ese defecto también estuvo presente en la consulta anterior.
En fin, en este proceso han abundado los comportamientos que han menoscabado seriamente la legitimidad de este resultado.
Pero sobre eso ya se ha hablado bastante, y con tanta claridad que, a pesar del 64%, esta Constitución nace con problemas de legitimidad.
Y también seria simplista pensar que la legitimidad de este instrumento legal es asunto ya concluido. Ahora viene otra dinámica, en la cual esa legitimidad se juega, y esta es tal vez la más importante. La pregunta es cómo se ejercerá el poder con está Constitución.
En efecto, si quienes detentan poder logran hacer un uso prudente de él, subordinándose a los intereses generales, usando la ley para servir a principios, a valores. Postergando sus intereses personales.
Si logran diferenciar la aplicación de la Ley de sus particulares intereses políticos, la Constitución ganará en legitimidad, podrá incluso subsanar las limitaciones de legitimidad de su origen, e incluso con tal perspectiva es posible remediar los innumerables defectos y torpezas que el texto contiene.
Si la perspectiva es la contraria, la de usar y abusar del texto para fines personales, para la acumulación del poder, entonces la mediana legitimidad que le dio ese 64% se desvanecerá rápidamente.
Es por esto que el proceso de conformación de lo que podría ser una comisión legislativa es absolutamente decisivo. Si en su conformación se respeta el criterio de la proporcionalidad y representatividad, será una primera señal positiva. Pero si en lugar de ello, lo que vemos es que se elimina a los disidentes, que son otros organismos los que distribuyen el poder, la deslegitimación de toda la Constitución seguirá avanzando.
Por ultimo, si la forma de legislar continúa siendo de la mala calidad que fue la Asamblea, lo que tendremos será una camarilla legislativa que será la sepulturera de la mediana legitimidad que esta Constitución ha logrado. Esperemos que esto no suceda.
tbustamante@hoy.com.ec
Hora GMT: 15/Octubre/2008 - 05:07
