Parece una tomadura de pelo que el canciller Fánder Falconí pondere, entre las ventajas del ingreso del Ecuador a la Alba, las de "potenciar las ventajas comparativas de sus países miembros" y otras, sobre todo agrícolas, aunque también hay proyectos energéticos, comerciales, financieros...

La Alba, bajo el liderazgo del coronel Chávez, es, no cabe duda, un foro con una definida alineación política e ideológica. Hasta este momento, la más clara definición se ha reflejado en el discurso antiestadounidense y las ambiguas proclamas del socialismo del siglo XXI, con el no menos ambiguo bolivarianismo interpretado por el mandatario venezolano.

En realidad, dada la importante opción ideológica que implica la participación con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, entre otros de los Gobiernos de esa alianza, por lo menos debería haberse sujetado a la aprobación de la Legislatura, cuando se posesionen los nuevos asambleístas. Muchos de los aliados del Gobierno que reclamaban una consulta popular para una eventual participación en un TLC con los EEUU, ¿han pensado en ese mismo mecanismo para la aprobación del ingreso a la Alba?

Más allá del plano político, no pasan del dudoso enunciado general las demás ventajas de la integración a ese grupo.

Excepto Venezuela, en donde hay una potencialidad para el desarrollo comercial, ¿qué ventajas comparativas en el campo de la producción o en el ámbito financiero o comercial se esperan potenciar con los demás países? ¿Qué se propone en las relaciones comerciales o financieras con Nicaragua, Bolivia o Dominica, países con un monto de intercambio mínimo, si lo hay?

En el caso de Venezuela, antes de pensar en esos ambiciosos planes, el canciller debería trabajar para que el Gobierno del coronel Chávez desembolse el pago de los más de $130 millones que no paga a empresarios ecuatorianos, en algunos casos por más de dos años.