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Las trampas de los opuestos

Publicado el 20/Septiembre/2008 | 00:08

Por Consuelo Albornoz Tinajero

¿Cuál es el problema que A vote por el No, N por el Sí, B por el Nulo, X prefiera el blanco y Z se abstenga de concurrir a los próximos comicios? En principio no debería haber razón para que estas decisiones político-ideológicas se convirtieran en una barrera para la comunicación y el respeto. Ni debería haber motivo para que cualesquiera de estas opciones fuesen descalificadas y, por esta vía, atropellado un derecho humano fundamental, constante en instrumentos de valor universal y en el proyecto de Montecristi: la libertad de pensamiento.

Aceptar la legitimidad de escoger una de esas posibilidades es ya un primer paso en dirección a la vivencia de la ciudadanía, entendida como expresión de la soberanía y de la autodeterminación personales. Es también un aliciente para el desarrollo de la política y de la democracia, actividades ambas, vinculadas con la disidencia, la heterogeneidad y el conflicto. Es, adicionalmente, un movimiento hacia la superación de la dicotomía, conforme el juicio crítico del pensador Fernando Mires.

En un análisis sobre la dicotomía, Mires sostiene que entre el No y el Sí puede surgir el "pero", cuyo papel es el de introducir la reflexión en el conflicto, evidenciar las ambivalencias que subyacen en él y evitar el "antagonismo irreconciliable". El "pero", desde esta perspectiva, relativiza las posturas, las torna más cercanas y puede actuar como un antídoto frente a la intransigencia. Al debilitar los absolutos y volver las diferencias discutibles y cuestionables crea un espacio para el diálogo, que permite el ejercicio de la política y de la democracia e impide la consolidación de posiciones incompatibles o la configuración de "enemigos permanentes".

La duda que trae consigo el "pero" previene los absolutismos, al contrario de la certeza que los alimenta, por el convencimiento y la fe ciega con los que suele ir acompañada
En la realidad actual ecuatoriana, el "Sí porque sí" al proyecto de Montecristi no da lugar a la deliberación y puede abrir caminos sin retorno. Igual el No carente de argumentos. Sin embargo, quienes postulan un Sí condicionado, así como quienes expresan un no a una cierta forma de cambio, pero afirman la necesidad de una transformación, son los que están en condiciones de encontrarse, y de levantar senderos compartidos y no excluyentes con quienes opinen distinto.

Las investigaciones sobre los procesos de profundización y consolidación de la democracia revelan la importancia de quienes se ubican en actitudes moderadas, de lado y lado. Son ellos quienes están en mejor situación para sintonizar con las realidades y comprenderlas, en su complejidad, pues son capaces de apreciar los elementos comunes que suelen existir, aún frente a perspectivas muy diferenciadas.

La necesidad de la moderación es aún más imperiosa cuando miramos en los países vecinos adonde puede conducir la exacerbación de las diferencias o tensar las relaciones sociales al punto de llegar a romperlas o estropearlas gravemente. La polaridad de las opiniones es una condición que ha demostrado hasta el cansancio sus límites y no cabe, por tanto, avivarla.

cat@hoy.com.ec

Hora GMT: 20/Septiembre/2008 - 05:08

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