Por Felipe Burbano de Lara
fburbano@hoy.com.ec
Sobre el presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Cordero, recaen hoy todas las presiones para que abra el espacio político a un juego deliberativo y de participación en torno a todos los procesos de cambio legislativo en los que se encuentra inmerso el Ecuador. La demanda aboga por el fin de una política de subordinación y silencio frente al presidente de la República y por una corrección del modelo de dominio del Ejecutivo en el sistema político.
El acuerdo sobre la Ley de Comunicación fue una primera respuesta a las presiones surgidas desde los bloques parlamentarios, los propios asambleístas de Alianza País y diversos sectores de la sociedad civil organizada. Frente a su voluntad de apertura, Cordero ha recibido las miradas desafiantes y las críticas de Carondelet. El acuerdo revuelve el estómago del presidente de la República y a la vez explica, según él, el desprestigio de la Asamblea Nacional (se pacta con aquellos a quienes hay que sepultar).
Quizás entramos en el momento más crítico de un viraje político, en el que el predominio del presidente debe dar paso a un juego complejo de la pluralidad en el Ecuador. De la hegemonía de Correa y su círculo íntimo, se requiere pasar a un escenario en el que los propios asambleístas de Alianza País, otras actores parlamentarios, la sociedad civil y los movimientos sociales (allí está el interesante reagrupamiento de la Conaie) tengan mayor reconocimiento y protagonismo. En el fondo, se trata de un reclamo democrático para participar en los procesos legislativos clave asociados a las transformaciones de la nueva Constitución.
Cordero estará entre la espada y la pared solo si el Ejecutivo no entiende que este tránsito político es inevitable para que la revolución ciudadana llene su déficit democrático y para configurar un sistema político con un buen balance de poder entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Sustituir la pugna de poderes por la subordinación del Legislativo al Ejecutivo no constituye un avance democrático. Un sano y equilibrado juego de poderes, sin afectar la capacidad de conducción política del Gobierno, es lo que se requiere entre el Ejecutivo y el Legislativo. La nueva política tampoco puede excluir los acuerdos ni siquiera con quienes se considera políticos indeseables -como los hermanos Gutiérrez-, sino llevarlos a que practiquen la política de otra manera; el desafío no es degradarlos ni dejarlos fuera, sino fijarles unas reglas democráticas de las cuales no puedan escapar.
Las opciones para Cordero son claras. Se encuentran entre la subordinación de la política nacional a la voluntad del líder o su apertura para acoger la participación de aquellos actores que demandan, con justicia, ser parte del proceso de transformación. Quizá la clave sea la siguiente: todos queremos ser parte del cambio y no sentirnos obligados a correr tras un señor que se ha vuelto muy soberbio con el poder. En ese dilema, se ubican el reto, el desafío y los peligros para Cordero.
Hora GMT: 12/Enero/2010 - 05:11

12/Enero/2010 a las 10:24
Los alzamanos liderados por un cordero ( animal para el sacrificio ) no hará ni dirá nada que no venga de la órden expresa de SM !!!
En este calamitoso estado de postración y sumision que tiene esta asamblea no hay cabida para quienes desean participar de los cambios que se requieren de manera urgente en este país.
Solo se hace lo que SM y su círculo rosa dictan !!
Basta recordar la redacción del mamotreto de Montecristi que fué cambiado entre gallos y medianoche por el cordero y su combo a vista y paciencia del país...pero con el cinismo más grande que los caracteriza han dicho que ya lo aprobó el pueblo...lo que se ha realizado con engaños no tiene validez jurídica !!