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Las olas del mar y el viento

Publicado el 12/Enero/2013 | 00:40

@tuiteandohoy

Gonzalo Dávila Trueba


gdavila@hoy.com.ec

¡Hola! Ola que empecinada barres la orilla del mar. ¡Hola! Ola que de boca en boca nos haces llegar un ya estiró la pata. ¡Hola! Ola de plagios, que desnudas la verdadera talla de una universidad. ¡Hola! Ola muerta y convertida en resaca que te llevaste al Chucky Seven, al come cheques, a las ambulancias y a la diplomática valija, al fondo del mar. ¡Hola! Ola de facilismo, que con únicamente pulsar el clic, nos conviertes en científicos cumplidores, abanderados y primeros de clase.

Hablando de candidatos; la mayoría tiene propuestas sesudas, otros pocos disparates. (¿?) ¿Dónde va la coma en esta última frase? Si la ponemos…: otros, pocos disparates; resulta que los candidatos de este grupo no proponen muchos disparates y quizá haya, inmersa, alguna propuesta sesuda. Si la corremos a: otros pocos, disparates. Resulta que todos los candidatos de este grupo proponen disparates. Quizá lo mejor será: otros, pocos, disparates. Con lo cual explícitamente afirmamos que son pocos los que proponen pendejadas.

Para muchos de los candidatos que optaron por la reelección bastará con que reafirmen su intención de renovar el duro sacrificio para el que fueron convocados y que, es y será su impertérrita voluntad, la que mantendrá incólume la labor de fiscalización y de ataque a la corrupción, que por desgracia en todo gobierno se da. Baste, para de esto tener certeza, mirar como no quedó rastro de mácula alguna que mancille el proceso prístino, oportuno y justiciero, del caso Delgado, en el que se empeñaron todos ellos.

Aquel chofer de camión, que feliz estaba de haberlo podido comprar, conducía raudo la pesada carga. Y pasó el tiempo entre orgullo y felicidad por la nueva meta lograda. Sucedió que un día se trabó el motor. El fiero diagnóstico dijo ¡Fundida la máquina! ¡Reparación total! No tuvo mala intención. Pero la forma de conducirlo, ya sea sin escuchar los ruidos en el chasís o sin controlar el aceite, pesaron más que la grata sensación de ser El Rey de la carretera al mando de su poderosa máquina.

El presidente elegido entusiasta como estaba de haber logrado el triunfo y de lo novedoso de sus primeras medidas, pensó que todo iba viento en popa. Sucedió que un día los indicadores económicos se encendieron. No los tomó en cuenta. Se aferró a sus ideas, se empecinó en sus procesos y, a la postre; Venezuela hoy carece de todo, incluso de su presidente Chávez.

Moraleja: únicamente pisa, en terreno minado, donde tu compañero haya pisado sin volar por los aires.

 

Autor: Gonzalo Dávila Trueba - gdavila@hoy.com.ec


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jesalazar - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

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