El Palacio de la Luna, de P. Auster, es un collage de historias

Es Nueva York de mediados de la década del 60, la época en los EEUU aceleran para llegar a la Luna, y luego de sortear una adolescencia poco común, M. S. Frogg ha llegado a la Universidad. El chico está solo. Su tío, el último familiar que le quedaba, ha muerto hace poco y únicamente le ha heredado a Frogg su colección de más de 4 000 libros.
En medio de la soledad y cuando ve que el dinero se le agota, Frogg hace de la apatía su filosofía de vida. Decide que no trabajará y comienza a vender los libros para sobrevivir. Cuando se han vendido casi todos, Frogg ya no tiene electricidad en casa, ha perdido la mitad de su peso y su única dieta es un huevo cocido diario.
Cual personaje de una historia de Dostoievsky, el muchacho va cayendo en la más absoluta decadencia; comienza a perder el juicio y termina durmiendo en la calle y buscando su almuerzo en los basureros de Central Park. Pero justo cuando la fiebre y el hambre lo llevan al delirio, Frogg es rescatado de la muerte por una bella mujer.
Esta historia bastaría para armar una novela bastante consistente; sin embargo, para Paul Auster es solo el comienzo de una obra que se consagra como un derroche de imaginación y giros narrativos.
El Palacio de la Luna es un paseo por la psiquis del hombre urbano y un tour por el Nueva York que nunca duerme y, en realidad, nunca cambia y donde en cada esquina se puede encontrar un loco con una historia diferente.
Lo que viene después de la recuperación de Frogg y su regreso a la vida no es menos perspicaz y divertido que todo lo anterior. El joven comienza a trabajar con un anciano pintor que lo contrata para escribir su biografía.
Ahora Frogg se ha vuelto el cómplice de un viejo excéntrico que le relata una vida tan descabellada que es suficiente para convertirse en el guión de una cinta al estilo western.
La muerte del anciano abre otro capítulo completamente diferente en el que Frogg se reencuentra con su, hasta entonces desconocido padre, quien, el mismo día que es descubierto por su hijo, muere de una forma ridículamente teatral, no sin antes dejarle una jugosa herencia en efectivo, la que Frogg no tarda nada en perder para terminar en el mismo abandono en el que comenzó su historia.
Con todos sus altos y bajos, El Palacio de la Luna es una suma de pequeñas e inverosímiles historias que conforman una novela con una personalidad dicotómica que es, a la vez, tan expresionista y tan ligera que el lector la devorará en una noche. (SKY)
Hora GMT: 04/Abril/2009 - 05:08
