A propósito del proyecto de Constitución, retorna el tema de las diferencias. Primero, las denuncias de que los textos dados para su lectura y análisis, y sobre los cuales habrá que decidirse en el referendo, son diferentes a aquellos que fueran aprobados por la Asamblea.
Esto es más grave de lo que socarronamente asume quien fuera presidente de la Constituyente. A su criterio, se trata tan solo de minucias exageradas por los decididos a desprestigiar a la Asamblea, a los asambleístas y al Régimen, dueño del proyecto de Constitución. Cuando el primer ex presidente de la Asamblea sale a protestar por los cambios producidos a espaldas de los constituyentes, las cosas son más serias de los que acepta el último presidente para quien todo es tan perfecto que resulta difícil comprender cómo pudo salir tal producto de asambleístas contingentes y algunos muy limitados en saberes y cordura. Sin embargo, tanta loa no desbarata el hecho de que hay textos adulterados, de que la comisión de redacción se convirtió en legisladora y modificó no solo las formas sino también los sentidos de ciertos textos. Desde luego, las adulteraciones quedarán como están pues para cambiarlas ya no hay asambleístas que merecidamente "duermen" hasta que los despierte un "Sí" triunfante.
Existe una gran diferencia entre las dos tareas exclusivas y el tiempo límite otorgados a los asambleístas, lo que hicieron y lo que se proponen hacer después de la votación. Se engolosinaron con el poder. Si gana el "Sí", se reunirán para legislar y organizar el país al margen de la democracia, vieja señora pasada de moda.
La diferencia nos hace, desde ahí interpretamos el mundo y la existencia. Constituye la fuente más grande de energía de la que disponemos para existir. La uniformidad, por el contrario, es disecadora y mortífera. La igualdad impuesta construye sociedades cementerio de las que ya tuvimos dolorosas y sangrientas experiencias en el siglo pasado. Ser sujetos sometidos a regímenes jurídicos iguales no quiere decir que las existencias sean exactamente iguales.
La Constituyente estuvo llena de ilusos que se propusieron hacer del país el reino de las igualdades mediante la destrucción de todas las diferencias sociales, políticas y económicas. Para lograrlo, buscaron imponer, a las buenas o a las malas, una sola ideología política y social. Para ello ha sido útil la hibridez del pensamiento ambiguo del presidente y los extremismos destructores de una izquierda beligerante e intolerante. Así, algunos de los nuevos líderes empollados en Montecristi se han convencido de que a la pobreza se la combate destruyendo la riqueza.
Hora GMT: 05/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
