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Las cosas se aclaran

Publicado el 11/Febrero/2009 | 00:07

Por Teodoro Bustamante P.


tbustamante@hoy.com.ec

Leyendo la flamante Ley de Minería me he topado con algunas maravillas. La más ilustrativa de ellas es que, cuando se prohíbe a ciertas personas ser titulares de derechos mineros, se menciona una lista de casos, y se termina este listado con la frase "entre otros" Enumerar una lista de prohibiciones terminándola con la frase "entre otros" es una aberración. Es una estupidez jurídica. Lo que la ley prohíbe siempre tiene que ser explícito, claro y puntual. Nadie que entienda algo de lo que es una ley podría aceptar una formula de tamaña ambigüedad.

Esto me sorprende puesto que conozco a algunos de los miembros del congresillo y sé, con toda certeza, que sí saben algo de leyes, que en cuanto a su inteligencia no son inferiores a la media. ¿Cómo explicar, entonces, que el producto de su trabajo no sea mediocre, sino decididamente malo?

Pueden ser útiles para entender este problema, algunas de las repuestas que se han propuesto para remediar las muy numerosas deficiencias de ese cuerpo legal. ¿Vamos a arreglar las cosas con el reglamento? Otra incomprensión de lo que es un sistema legal. Lo que nos están proponiendo es que ante la mala calidad de las leyes funcionemos con reglamentos, que son elaborados y emitidos de manera discrecional, por simple decisión del Ejecutivo. Es decir, la ley lo que ha hecho es anularse a sí misma por su pésima calidad, para dejarnos en manos de los simples decretos. Están construyendo un país sin leyes, en que todo es discrecional, depende de la voluntad del caudillo del Ejecutivo o de sus ministros.

¿Son conscientes de esto los miembros del congresillo? Si es que así fuese, su trabajo ya no debería ser calificado de inepto, sino de francamente inmoral. Pero yo creo que, al menos la mayor parte de sus miembros no actúan desde una intensión perversa. Con respecto a la Ley de Minería se observa que su trabajo no fue el de hacer una buena ley, sino de incluir fórmulas ambiguas que permitieran dar la impresión de que se habían efectuado cesiones, que atendían a las aspiraciones de cada uno de los grupos en conflicto sobre el tema. Intentaron contentar a todos, pero crearon una monstruosidad, que sin embargo es parte del proyecto de destrucción del país que algunos confunden con socialismo del siglo XXI. Pero las cosas se aclaran más cuando escuchamos a su dirigente, en su sabatina confesión de incompetencia, expulsar, en grotesco arrebato de patriótica furia, al diplomático que ya no está aquí, para luego también pedir perdón, antes que ninguna investigación haya concluido a quien la justicia interroga por graves sospechas que involucran a su Régimen. ¿No tiene un ministro que le diga oportunamente cuáles son los diplomáticos acreditados? ¿No tiene quién le aconseje, que espere el curso de las investigaciones antes de pedir perdones adelantados? No, eso sería hacer las cosas con seriedad, como si se tratara de un jefe de Estado, y cada vez queda más claro, que no hay nada más distante de la ideología de la involución ciudadana: se ha implantado el Régimen del sainete, de la charada grotesca. Creo que eso aclara en qué elecciones estamos metidos.

Hora GMT: 11/Febrero/2009 - 05:07

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