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La visita de Ingrid Betancourt

Publicado el 02/Diciembre/2008 | 00:10

Análisis de diario HOY



Dentro de un periplo por siete países sudamericanos, Ingrid Betancourt hizo la primera escala en Quito. El objetivo es agradecer a los diversos Gobiernos por las gestiones realizadas para su liberación; además, la visita pretende organizar un grupo de países amigos que colaboren en la liberación de los más de 800 secuestrados que permanecen en poder de los guerrilleros.

La ex candidata a la Presidencia de Colombia, que pasó seis años en cautiverio, anunció, en el caso de su visita al presidente Rafael Correa, un objetivo especial más: abogar por el pronto restablecimiento de las relaciones diplomáticas que permanecen rotas tras el ataque militar de Colombia, el 1.º de marzo, a un campamento clandestino de las FARC en territorio ecuatoriano.

Tanto en la reunión de presidentes del Grupo de Río como en la extraordinaria de cancilleres de la OEA se expresó el rechazo de los países a la violación de la soberanía territorial ecuatoriana por parte de Colombia. El secretario de la OEA quedó encargado de desplegar sus buenos oficios para promover medidas de confianza entre los dos países.

Las mediaciones de la OEA y el Centro Carter no surtieron efecto: cuando se anunciaron los primeros pasos para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, declaraciones inoportunas de uno y otro lado se levantaron como obstáculos para ese restablecimiento y generaron el tenso ambiente para mantenerlas congeladas.

Tiene razón el ministro de Defensa, Javier Ponce, en reiterar, como lo hace ayer en entrevista a la BBC, que su homólogo colombiano, el ministro Santos, "ha jugado un papel destacado en cuanto a alimentar la tensión" entre ambos países. Pero no la tiene cuando asevera que "es demasiado ligero decir que es un problema de pugna entre dos temperamentos: Uribe y Correa. No, es un problema de proyecto político, de opciones políticas distintas". No se puede negar el peso de los cambiantes y hasta explosivos temperamentos presidenciales en el hecho de mantener de forma indefinida rotas las relaciones diplomáticas; si estas se determinaran por las diferencias ideológicas y disparidades en los proyectos políticos de los gobernantes no serían posibles sin duda en muchos países del mundo. En las relaciones de los dos países vecinos deberían pesar, sobre todo, los intereses de los dos pueblos. Y, con tan estrecha relación entre ellos, no tiene sentido el que los Gobiernos persistan en la ruptura diplomática. Los problemas comunes en la frontera exigen la participación de los dos Estados, en la parte de lo que les corresponde en su respectivo territorio fronterizo. Ojalá la gestión de Ingrid rinda frutos.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 02/Diciembre/2008 - 05:10

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