Por Enrique Valle Andrade
He tratado el tema en anteriores ocasiones, pero quiero actualizar los argumentos utilizados en ellas, pues si ahora ha sido incorporado al texto de Constitución propuesta, vale reflexionar sobre lo delicado de su eventual institucionalización, ya que, de ser aprobado en el referendo, será materia de orden constitucional y el sistema legal tendrá que adecuarse a la norma suprema, por sobre las actitudes y posiciones personales de los ciudadanos. La práctica de la homosexualidad se encuentra entre las más antiguas de la naturaleza humana. La actitud de la sociedad frente a ella ha oscilado entre la condena absoluta y la tolerancia de alguna de sus manifestaciones, dependiendo del tipo de sociedad de que se trate. La ciencia no ha podido hasta ahora precisar la etiología y los valores determinantes de la homosexualidad. Hay teorías que hablan de una predisposición genética, y otras que la atribuyen al resultado de las relaciones con los padres y a las presiones del entorno social. Esto ha llevado a que estudiosos como Evelyn Hooker afirmen que "las diversas formas de homosexualidad adulta son producidas por muchas combinaciones de variables. Ninguna de ellas explica todas y ni siquiera una sola de las formas de la homosexualidad ...". Nuestra sociedad, de profunda raigambre cristiana, condena el comportamiento homosexual como una desviación, pues entraña una conducta que es contraria a los valores del sistema social. Ya no la califica como delito, pero no por ello ha dejado de censurarla, pues una gran mayoría de la población la considera un comportamiento anormal, contrario al derecho natural. Esto no obstante es gradualmente creciente una considerable tendencia inspirada en los derechos humanos, que se aleja del trato denigratorio y se inclina a la moderada tolerancia. No se ha optado por la aprobación, pero sí por el respeto a la persona del homosexual. ¿Basta esto para justificar que se proponga legalizar en el Ecuador la unión entre homosexuales? Aparentemente se lo ha incluido por tratarse de una realidad social a la que el Estado no debería dar la espalda, cualquiera sea la controversia que ella suscite.
Es cierto que la ley es una resultante de la realidad social y que el legislador es un mero intérprete de esta, pero no todas las realidades pueden convertirse en derecho, pues, si de ello se tratara, también esa aberración que es la bisexualidad debería ser considerada como un comportamiento regulado y aceptado. Por eso es un serio compromiso ético de los creadores de la ley analizar y depurar todo aquello que se pretende innovar bajo el pretexto de que lo reclama como aspiración un sector de la sociedad. El derecho no debe nutrirse de lo novedoso o novelero que, con entusiasmo digno de mejor causa, algunos o algunas que fungen de juristas de avanzada pretenden trasplantar a nuestra Constitución.
evallea@hoy.com.ec
Hora GMT: 17/Septiembre/2008 - 05:10

18/Septiembre/2008 a las 07:55
resulta penoso que en pleno siglo XXI se escuchen comentarios de este tipo y peor aún de parte de quienes deben generar opinión pública, nada justifica el manifiesto desprecio del columnista hacia un importante segmento de la población por mantener una diferente orientación sexual.
Supongo, sin embargo, que el articulista si habrá disfrutado de la obras, que cada uno en su campo, produjeron Miguel Ange, Leonardo da Vinci, Tchaikowsky y Oscar Wilde, por citar tan solo unos pocos, quienes tienen entre si el denominador de haber sido homosexuales.
Es penoso y muy peligroso que con el pretexto de combatir una constitución se recurran a ideas de este calibre agitando el odio y resentimiento hacia sectores de la sociedad que no son responsables de este proyecto de constitución y que en muchos casos ni siquiera lo comparten.
Atte.
Daniel Raffo
19/Septiembre/2008 a las 00:28
La homosexualidad es una de las aberraciones de la conducta humana más denigrantes para nuestra especie; lo ´que manifiesta es que una vez forjada esa tendencia, existe la gran debilidad de quienes la practican para revertir tal perversión. Hay conductas humanas degradantes más difíciles de superar como el alcoholismo y la dorgadicción y que se generan en estratos sociales aparentemente vulnerables; no obstante los individuos inmersos luchan a toda costa por superar y muchos lo consiguen; pero los homosexuales y lezbianas, a más de que no hacen nada por salir del submundo, a través del escándalo pretenden legalizar sus prácticas y qué mejor si es a través de de la Constitución de un país. Qué pena que por lograr más votos el proyecto de Correa incluya el reconocimiento y la identidad contranatura y qué pena de esta gente que simboliza la debilidad, la resignación,el vacío en sus fundamentos y no hacen nada por rehabilitarse. Así como se considera enfermo que necesita tratamiento a un adicto, así debería considerarse a los GBLT y orientar tratamientos en clínicas especializadas. Aunque esté por el SI, en contra de mi voluntad talvez vote por el NO.
17/Febrero/2009 a las 11:16
bueno existe la necesidad de equiparar los derechos de las personas a vivir con quien quiera ,por que una sociedad puede dictaminar que esta bien y que no.
y con comentarios del siglo pasado como : aberracion , pecado o delito
esta mas que visto que es algo normal la homosexualidad y esta presente en todas las especies animales del planeta, y aun mas valida en los seres humanos que somos seres pensantes con capacidad para amar, entonces dicho de otro modo no somo seres exclusivamente para tener sexo y reproducirnos
vivamos nuestra vida , libre de prejuicios
ecuador es tiempo de crecer.