Sucedió cuando no existían los exámenes de ADN. Dos noches antes de la ejecución del mejicano González, lo cambiaron a la celda contigua de Bill Baker, también condenado por varios asesinatos. Cuando hablaron, González le contó que era inocente, que nunca asesinó a su novia.
Baker entonces le hizo más preguntas y enseguida le confesó lo más impensado: que él había asesinado a esa mujer. Y le dio detalles que solo el verdadero asesino hubiera podido conocer. Baker reconoció que estaba allí acusado de siete crímenes, y uno más no significaba nada. De todas formas también iba a morir.
Como faltaban pocas horas para la ejecución de González, Baker empezó a gritar que no lo mataran, que ese hombre era inocente, que él, Baker, había asesinado a la mujer que había sido novia de González, quien también gritaba, declarando su inocencia. Entonces llegó el alcaide con varios guardias, y el sacerdote. A ambos prisioneros los sometieron con gases paralizantes y enseguida los drogaron hasta dejarlos atontados. El cura musitó al oído del condenado unas palabras de consuelo y resignación que apenas fueron escuchadas. Horas más tarde, con la razón embotada, a González le aplicaron la inyección letal.
Baker, el otro prisionero, fue considerado loco porque nunca dejó de gritar. Terminaron por aplicarle una sobredosis en su celda y un día amaneció muerto, antes de ser asesinado en forma oficial.
En ajedrez se mata, pero no se asesina.
Blancas Negras
1 AxP! jaque
2 RxA P6C jaque
3 AxP DxD con ventaja
Hora GMT: 13/Marzo/2006 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Ramiro Diez V./ Especial para HOY
