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La tumba de Roque Dalton

Publicado el 22/Noviembre/2002 | 00:00

Está por aparecer en San Salvador el libro de memorias de quien fue uno de los comandantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, Fermán Cienfuegos. Se trata de Crónicas entre espejos, que es algo más que un libro de recuerdos de las últimas tres décadas del país centroamericano, que ocupó los primeros titulares de la prensa internacional allá por los años ochenta, en una guerra civil que dejó 80 mil muertos. Pero el libro es más que todo una pregunta sobre lo que pasó en El Salvador en esos años, hecha por un testigo y actor privilegiado que desde la comandancia de la guerrilla participó en los principales procesos bélicos que culminaron hace 10 años en los Acuerdos de Paz de Chapultepec.
Roque Dalton fue el intelectual más representativo de todo ese período del que los salvadoreños actuales no quieren hablar o simplemente no conocen por ser demasiado jóvenes. Poeta ganador del Premio Casa de las Américas por su libro Taberna y otros lugares, hizo para muchos una nueva versión del Himno Nacional, con su Poema de amor, que es, en el fondo, una declaración de amor a todos los salvadoreños, extraños nómadas que no pueden olvidar ni los colores ni los sabores de su país.
Para la intelectualidad latinoamericana de los años sesenta y setenta, Julio Cortázar por ejemplo, Dalton fue el encuentro casi perfecto de una vocación poética e intelectual con el compromiso de la lucha por la democracia y la igualdad social. Fue, además, un hombre de un extraño sentido del humor y de la ironía, que le permitió descubrir zonas vedadas de la cultura salvadoreña.
En el año 1975, una noticia estremeció los círculos intelectuales latinoamericanos: la muerte de Roque Dalton en El Salvador. Al principio, la izquierda encontró en el dolor una confirmación de su causa. El poeta había regresado a su tierra, para morir combatiendo entre los suyos, víctima de la violencia de la derecha.
Pero los hechos no fueron así, como poco a poco se empezó a conocer y ahora el libro de Cienfuegos da a conocer en sus detalles. A Roque lo mandó a fusilar, por discrepancias ideológicas y mezquindades personales, la comisión Militar del Ejército Revolucionario del Pueblo, (ERP), después de una parodia de juicio en la que no le permitieron defenderse. Los principales cargos: traidor y agente de la CIA. La decisión fue tomada en una votación de tres contra uno, en la que votaron por el fusilamiento, el entonces comandante del ERP, todavía vivo pero fuera de El Salvador, Alejandro Rivas Mira, Vladimir Umaña y Joaquín Villalobos, último comandante, residente en Inglaterra. En contra, Fermán Cienfuegos. La muerte de Dalton precipitó la ruptura al interior del ERP y Cienfuegos pasó a formar otro grupo, la Resistencia Nacional, de donde llegaría a ser comandante.
Hasta ahora, la tumba de Roque Dalton no ha podido ser encontrada. “Lo incomprensible nos invade, los seres humanos al final disimulan o tienen capacidad de mostrar las apariencias. Se le busca en su lugar y no se encuentra su fantasma de huesos”.

Ciudad Quito

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