Por Thalía Flores y Flores
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Ha hecho bien Cuba en abrir su espacio aéreo para que las aeronaves de los EEUU atraviesen sin restricciones los cielos de la Isla a fin de llegar lo más pronto a Haití, devastada por un horrendo terremoto.El sismo en el país más pobre del hemisferio occidental ha sacado a la luz la miseria de un pueblo sojuzgado por los poderosos desde cuando los españoles llegaron en 1492 y, en menos de 30 años, se apropiaron de su oro y casi diezmaron la población de nativos, al punto de que luego debieron importar mano de obra esclava.
Haití siempre ha conmovido al mundo. Lo hizo en 1804, cuando ya en manos francesas -a quienes los españoles "cedieron" la isla-, los esclavos protagonizaron una rebelión y constituyeron la primera república negra del planeta.
Invadida por los EEUU a inicios del siglo XX, la inestabilidad política ha sido una constante y la cleptomanía de sus dirigentes un maleficio del que no ha podido liberarse.
Bajo la presidencia de los Duvalier: Papa Doc y, luego, su hijo, Baby Doc, el terror se impuso en la isla. Pero, en las últimas décadas, el derrocamiento de los presidentes ha proseguido, y la demencial violencia no se ha detenido, al punto que las NNUU han debido mantener un contingente permanente de cascos azules para garantizar la seguridad.
La atroz pobreza de los haitianos, muchos de los cuales se alimentan de tortillas de lodo, a las que se les unta un poco de margarina y sal para cocinarse, es una bofetada en el rostro del primer mundo, que se ufana de la tecnología digital, la conquista del espacio y los avances médicos.
La humanidad no puede tener sosiego mientras ejércitos de niños huérfanos deambulan con sus cuerpos famélicos en las mismas tierras que fueron saqueadas y con cuyas riquezas se levantaron naciones que hoy se jactan de tener per cápitas de países ricos y, para no involucrarse, hablan de Haití como Estado fallido.
El terremoto del 12 de enero de 2010, que echó a tierra el Palacio presidencial, la catedral, los ministerios, arrasando con la poca infraestructura existente, y sepultó bajo los escombros por igual a senadores, ministros, autoridades y decenas de miles de pobres, podría ser interpretado como el fin de unas condiciones humanas que tienen que ser abolidas para siempre.
Hoy mismo, en Haití, no hay un Gobierno. El control lo tienen los marines, que desembarcaron en el mismísimo Palacio presidencial y a los que la comunidad internacional debería poner plazos.
Es urgente instalar la Conferencia Internacional de Donantes anunciada por el presidente Sarkozy de Francia. La UE y los EEUU deben juntar esfuerzos para salvar vidas, construir escuelas, hospitales, centros de acogida y organizar un país, no competir por la imagen. Los retos son enormes. Proseguir cuando Haití ya no sea portada de los diarios o la noticia central de los noticiarios de TV, y para los medios mantener el drama del hambre y la miseria, aunque no haya cataclismos. Pero el mayor reto es ayudarlos a encontrar una forma de autosustentarse como nación y a reconstruir la autoestima arrebatada por los poderosos que los avasallaron, lo que sería como la resurrección de Haití.
Hora GMT: 21/Enero/2010 - 05:13

21/Enero/2010 a las 11:50
No hay que caer en el lugar común de culpar de todo a los "otros", a los poderosos. El mismo hecho de que no haya gobierno ni dirigencia dice mucho de un pueblo. "debería poner plazos"... ¿quién a quién? ¿en base a qué? ¿en base a la retórica, a lo políticamente correcto, a lo que diga la mayoría de subdesarrollados que conforman las Naciones Unidas? Mejor sería ver ejemplos dignos de imitarse, como la ocupación militar de Japón luego del desastre nuclear. ¿Hay algo que aprender? ¿alguién lo aprendió? ¿realmente les interesa aprender?