Felipe Burbano de Lara
fburbano@hoy.com.ec
El clima de malestar social y político nos llevará esta semana a la ciudad de Guayaquil, en donde se realizará el jueves una nueva marcha en contra de la revolución ciudadana. La novedad de la convocatoria es que, a la defensa de la autonomía guayaquileña, se suma esta vez una crítica más ideológica a los excesos autoritarios del socialismo del siglo XXI. El alcalde Nebot lo ha hecho con una intención deliberada: tender puentes con otros sectores que empiezan a movilizarse en contra del Gobierno. El conflicto entre Correa y el Municipio de Guayaquil tiene múltiples ingredientes, todos reforzándose mutuamente: uno estrictamente de fuerza y poder, otro en torno al modelo autonómico, y un tercero de corte ideológico. El presidente Correa ve en la Alcaldía de Guayaquil el último reducto del pasado neoliberal; es decir, a unas élites peluconas atrincheradas en el Municipio para ejercer un control de la ciudad en su propio beneficio. A esas élites, Correa quisiera verlas sepultadas políticamente, en un juego de fuerza y poder que apuesta por la hegemonía total del campo político.
Les separa también la visión de las autonomías. Correa puede ser todo menos autonomista. La forma en la que ha cuestionado el modelo guayaquileño prueba su poco reconocimiento a la existencia legítima de múltiples niveles de gobierno como expresión del principio autonómico. Se asume como el representante de un poder jerárquicamente superior -el Estado central- a todos los demás. Desde ese pedestal, denunció el modelo como separatista, pelucón, concentrador e ineficiente. Ha combinado el recorte de competencias para reforzar la presencia del Estado -allí está el experimento fallido del Ministerio del Litoral- con descalificaciones infantiles del alcalde -a quien suele imitar de manera burda en sus cadenas sabatinas. Y les separa un abismo ideológico, muestra de mutuas intolerancias: las élites guayaquileñas se proclaman autonomistas y libertarias -en un sentido sui generis- frente al socialismo del siglo XXI. Incomoda del conflicto el lugar desde donde Correa lo ha planteado: el viejo nacionalismo antioligárquico, centralista, muy parecido al de los años setenta. Desde allí, asumió que el modelo autonómico constituía una conquista política de las élites guayaquileñas a expensas de los propios guayaquileños, la democracia y el Estado. Levantó la empuñadora de la revolución y el Estado para proclamar una cruzada emancipadora de la ciudad. En lugar de plantear la democratización del modelo autonómico guayaquileño -si ese era el debate de fondo-, ha jugado permanentemente a su demolición, sin tener siquiera en cuenta los amplios respaldos electorales de Nebot. Como buen centralista, Correa ha minimizado la legitimidad democrática de un poderoso gobierno local como el que tiene hoy Guayaquil, fruto de un proceso acumulado de 16 largos años.
El jueves, la respuesta vendrá desde las calles. La protesta de Guayaquil busca encadenarse con otras muestras evidentes de malestar e incomodidad frente al confuso rumbo tomado por la revolución ciudadana.
Hora GMT: 09/Febrero/2010 - 05:05











.jpg)





.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

09/Febrero/2010 a las 06:50
Las contradicciones sociales que surgen de la invertebración política e ideológica de Guayaquil,historicamente siempre atomizada, es casi caótica en sus manifestaciones comiciales, hará que en verdad se haga eco del llamado pelucón del alcalde. Que saldrá gente a las calles sin duda, y su´número dejará satisfecho a su convocante. Ni menos que quinientas mil almas le darán su adhesión.
Sin embargo, esos marchantes electores del alcalde, lo volverán a votar y a reelegir cinco y diez veces y serán los mismos que reelegirán por iguales veces Presidente a Correa. La explicación puede advertirsela de las razones que nos da el articulista, en el fundamento ´teórico de su discurso.
Es decir, por un lado, Guayaquil seguirá votando por un modelo "autonomista" "libertario" "represivo y antipueblo" que propugnan sus élites y los sectores más retardatarios de la nación, la mas dura derecha cavernaria; pero solo para elegir a los mejores alcaldes del mundo; sin embargo para elegir Presidente, es decir al Jefe de Estado y de Gobierno, adherirán, a las tesis ideológicas contrarias, que son las de AP, Correa y el Socialismo S21.
De ello puede seguirse un peligroso proceso de bolivianización, y hasta llegar a una guerra civil fraticida, que ya algunas veces emergió en la historia, pues, esas élites reaccionarán pretendiendo con esa autonomía hasta una desembración del estado, independencia cantonal, que es un viejo delirio paranoico de la burguesía guayaca, la misma pretesión que hizo a Bólívar darle de palos señalandola como la propugnaba la "patria boba".
Pero este delirio que ¿pudiera aniquilar al propio estado nacional?, ha seguido viva en el inconsciente colectivo de la clase burguesa guayaquileña; enquistadas en sus "instituciones más representativas" las cámaras, sus juntas cívicas, de bomberos, de beneficencias, etc.
No correrá ninguna sangre luego de la heroica marcha del jueves, solo son fuegos fatuos de dos egos que no tienen cabida suficiente, para ambos, en el espacio de la huancavilca ciudad, y que se enfrentan como demostración de sus propias fantasías.
El pueblo popular, seguirá votando por ambos. Para despecho de los dos y de sus ideólogos marketineros.