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LA PERVERSIDAD DE LAS MUÑECAS

Publicado el 19/Enero/1997 | 00:00

Quito. 19 ene 97. (Editorial) La democracia abrió su ciclo a
comienzos de los ochenta, con un escándalo de muñecas
navideñas. Y ahora estaríamos por clausurar un período, que ha
ido del populismo ilustrado -en esa extraña alquimia que
protagonizaron Asaad Bucaram, Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado-
al populismo primitivo de otro Bucaram, para abrir quizá, con
el advenimiento del siglo, una democracia que venga de otras
fuentes, de otros orígenes, de otras políticas.

Entre Bucaram y Bucaram, la caridad navideña ha sido el
estigma del populismo.

Pero en esa primera versión de los atracos navideños, hubo un
político que asumió el error, y creció asumiéndolo: Carlos
Feraud Blum. No delató a nadie, no culpabilizó a nadie, no se
calló ni se escondió, no se lavó las manos en ningún momento
de un largo y cruento juicio político en el que el verdugo fue
un fanático anticomunista -León Febres Cordero-, que ya desde
entonces erigía su figura política a horcajadas de los pecados
y los errores ajenos. Finalmente Feraud Blum cayó a causa de
unas muñecas de trapo. Pero el castigo le lavó de culpas y
fue, hacia el final de su vida, el símbolo de una vieja ética
política.

El caso de las muñecas de trapo se selló así a la luz pública.
Mientras tanto, el escándalo de los juguetes navideños de
Abdalá Bucaram quieren sellarlo en las mazmorras de los
ministerios, en silencio.

Sucesivamente, con Miguel Salem a la cabeza, todos han ido
lavándose las manos con la mayor desvergüenza. Para acabar el
propio protagonista del espectáculo, el presidente Bucaram,
negando toda participación suya. Ni siquiera las Fuerzas
Armadas han aclarado el por qué se involucraron en un acto que
resultó no ser del Gobierno. Ellos también callan. Nadie
habla. Nadie da cuenta de nada. Han tejido versiones confusas,
para que las cifras se vuelvan confusas. Se han endilgado unos
a otros la responsabilidad, hasta convertir a todo el régimen
en un miasma de complicidad que va invadiendo todo el ambiente
político.

Pero hay otra diferencia con esos primeros años ochenta.
Entonces existía una oposición política recia, con ambición de
futuro, aunque este futuro fuese el régimen de Febres Cordero.
Hoy, los legisladores han sido incapaces, desde hace tres
semanas, de asumir el caso de los juguetes.

Están dejando que las cosas se diluyan en las comisiones, en
los corrillos de las comisiones. Para que allí mueran. Es una
oposición sin sentido de futuro, es una clase política que se
ha estacionado en una prolongada agonía. Y en esa realidad
funda su silencio el régimen de Abdalá Bucaram. No necesita
aclarar nada. Basta con callarse unos días para que las culpas
prescriban en la memoria del país.

El caso de las muñecas de trapo hizo historia en la política
de los años ochenta. La de los juguetes de Abdalá va a ser una
parodia política en los noventa. Cuando todo el gobierno
estaba involucrado en el operativo navideño, ya sea animando
el show, tramitando los chantajes, cobrando las deudas
políticas, confundiendo los cheques, malbaratando las bolsas
del reparto, sale el secretario de la Administración a decir
que no tienen nada que ver en el asunto, y en la bancada
opuesta no pasa nada. Los socialcristianos se callan, para
dejar que fluya el pacto en el que se están repartiendo la
administración de la justicia bajo la sombra equívoca de
Carlos Solórzano. (DIARIO HOY) (P. 4-A)

Hora GMT: 19/Enero/1997 - 05:00 Autor: Por Javier Ponce

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