Ramiro Aguilar Torres
raguilar@hoy.com.ec
Este artículo no trata sobre lo que ocurrió el 10 de Agosto de 1809; sino sobre uno de los libros más completos que se ha escrito sobre el tema. Tengo en mis manos la primera edición (de autor) de La Patria Heroica, de Jorge Salvador Lara. Impresa en la editorial Fray Jodoco Ricke, el 3 de Noviembre de 1961.
La cuestión fundamental que se plantea el autor gira en torno a qué mismo pasó el 10 de Agosto de 1809. ¿Por qué la pregunta? Porque los hechos tienen dos versiones. La una, digamos la principal, es la que ha recogido la historia ecuatoriana elevando la gesta a Primer Grito de Independencia de la América del Sur. Aunque en tiempos de palabrería barata, el Grito ha sido sustituido superfluamente por Revolución de Agosto. La otra versión es la que consta en el proceso penal seguido por las autoridades españolas a los actores de los hechos.
Revolución o grito, el rigor histórico de don Jorge Salvador Lara plantea el problema de las fuentes documentales que podrían evidenciar una actitud más bien ambigua de algunos personajes.
Y tiene unos párrafos que me siento obligado a compartir con ustedes: "La crítica histórica en todos los países suele tomar siempre con reserva los datos que aparecen en documentos procesales de carácter penal. Un proceso penal, generalmente, no saca a la luz las virtualidades positivas de los hombres, sino que hurga en un campo propicio para que salgan a flote, inmisericordemente, defectos, pasiones, intrigas, calumnias, flaquezas y escorias del alma. Si un juicio penal es de carácter político y es instaurado por las autoridades, procesando como reos a los enemigos vencidos, generalmente se corre el peligro de que no salga a luz la verdad, objeto de la investigación, sino que |las pasiones enturbien el panorama de los hechos. Las autoridades suelen ensañarse en los caídos: tuercen los procedimientos legales, echan mano de testigos que no dicen la verdad sino que declaran de acuerdo con los intereses de sus amos, tratan a todo trance de comprometer más y más al acusado, de desprestigiarle no solamente en cuanto a sus actuaciones políticas sino también en cuanto a su vida privada, a fin de que pierda autoridad moral, y suelen disminuir la resistencia de los elementos más débiles, invitándoles con halagos y ofrecimientos a que comprometan a los demás".
"Por todas estas razones, los procesos penales son siempre mirados con grande reserva por los historiadores, y sometidos a rigurosa crítica, pues de lo contrario difícilmente saldrá de ellos la verdad."
"En los procesos seguidos a los patriotas de 1809 hubo mucho de todo lo que se acaba de decir, razón por la cual dicha documentación (...), tiene que ser sometida a detenidos estudios...".
A esto hay que añadir que la Corona española era experta, desde siempre, en este tipo de trapacerías; algo que nuestro mestizaje ha heredado.
Autor: Ramiro Aguilar - raguilar@hoy.com.ec Ciudad Quito







09/Agosto/2012 a las 10:36
Los juicios penales de la antiguedad, han de ser vistos desde el humanismo, y la justicia real y logica, nunca de las leyes vigentes al momento, porque estas responden a los intereses politico-economicos de la elite en el poder; recuerdo un juicio compilado por P. F. Cevallos contra un lider indigena, era culpable segun la ley colonial para los esclavos(un cura dijo que eso era "justo"), obviamente lo humano dice que fue INJUSTICIA e infamia, igual con lo del 10 de Agosto, y otros actuales.