|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

La pasión mitiga la frustración femenina

Publicado el 03/Abril/2008 | 00:00

En medio de la penumbra, una dama vestida de sedas, chifones y pedrería desgastada irrumpe en el escenario con lamentos lánguidos y fantasías atrapadas por años en su memoria.

Esta mujer neoyorquina de Jorge Mateus representa el universo femenino, contando una historia que engloba los retazos de cientos de vidas atravesadas por maltratos, desilusión, desamor, hastío, rutina y frustración.

La eterna espera es el eje rector de este drama escrito, dirigido y caracterizado por Mateus, mediante un guión que trabaja el desencuentro entre la psiquis y el corazón de una mujer.

“Ya se casó, ya se jodió”, clamaba la dama con sarcasmo y desesperación, recordando los años infelices que vivió junto a su marido, que, acompañados de sus añoranzas, poco a poco se convierten en la locura que la mantiene viva.

Aunque con un inicio un tanto lineal, la fuerza del personaje engancha al público desde el primer minuto. La música antigua y el baile a lo Moulin Rouge imprimen el estilo clásico de Mateus.

Tres sillones conforman la escenografía, provocando al espectador una sensación de permanencia, de claustro, de espera, una espera sin duda eterna, que invita a recordar la liberación de su ser luego de la muerte de su esposo.

La Nueva York cosmopolita de los años treinta del siglo anterior es el escenario perfecto para graficar el salto a la vida de la protagonista, dejando atrás aquellos escenarios lúgubres e iluminarlos con excesos, fiesta, lujuria y, más tarde, el encuentro con su amor: un ladrón.

Sin duda, el clímax de la obra llega después de la narración del asalto, en el que Mateus, de manera excepcional, funde ambos hechos: el robo, la pasión y excitación que siente la dama al ser atrapada por un ser extraño... un asaltante.

La dama neoyorquina imagina, construye, fantasea, ama y vuelve a esperar eternamente a partir de aquel personaje que le cambiaría la existencia.

La genialidad y experiencia del actor se muestran en el instante mágico que el personaje explora su sexualidad. Entre parlamentos y caracterización deja al público atónico por lo verosímil de aquella escena.

Un trágico final deja un sinsabor marcado por la muerte física y la sensación de permanencia imaginaria de la protagonista, que, por última vez, deja sin palabras a quien trate de juzgarlo. (DS)

Hora GMT: 03/Abril/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito

Archivado en | Cultura 

Tags :



Actualizado por

1

hoyenlinea - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Publicidad