
Análisis de HOY
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E l país fue testigo el pasado domingo de la cantidad de festejos desatados en distintas ciudades, apenas terminó el partido de fútbol entre Barcelona y Deportivo Cuenca, que pese a terminar con derrota para el equipo guayaquileño, representó el regreso de este a la Copa Libertadores de América y lo clasificó a la final del fútbol ecuatoriano.
Miles de hinchas del Barcelona salieron a las calles, gritaron y festejaron como hace mucho tiempo no se veía. Incluso se dejó de lado que la conquista no rebasaba los límites de lo normal en una competencia deportiva y que, además, se cerró con una derrota. Nada importó para dejar salir la pasión que se ha contendido durante 14 años por quienes forman parte de la mayor fanaticada que un equipo de fútbol tiene en Ecuador.
Pese a la falta de éxitos, el número de simpatizantes no decayó. Todo lo contrario, se mantuvo y, por lo visto, hasta creció, fenómeno que merece ser objeto de estudio sociológico por parte de expertos.
No hay que olvidar que Barcelona es un equipo con historia, llena de grandes triunfos que todavía se conservan en la memoria de sus fanáticos. Aquellos que son jóvenes y no fueron testigos de esas conquistas, y aún así siguen al plantel, han tenido la suerte de vivir uno de ellos, a los tiempos, y disfrutarlo.
El éxito completo no está conseguido. Aún falta lo más importante, el título de campeón, que es a lo que está acostumbrado este plantel. La segunda etapa comienza este domingo para definir al ganador de esta y, por consiguiente, rival de Barcelona en la final. Si el ídolo del Astillero repite el primer lugar, será automáticamente el campeón.
La ruta escogida esta vez por la dirigencia ha sido la correcta. En el camino se hicieron correcciones; también se dieron problemas imprevistos como la salida del anterior entrenador Zubeldía; pero la solución resultó la mejor. El actual director técnico Gustavo Costas ha demostrado en el corto tiempo que tiene en Guayaquil, que un adiestrador con experiencia y conocimientos no necesita de temporadas enteras para poner a jugar buen fútbol a su equipo. Con la plantilla que recibió, se organizó y escogió a los que están en su mejor momento. Los resultados no se hicieron esperar.
De todas formas, esto es solo un anticipo, no la consecución final de un objetivo. Se espera que los éxitos deportivos continúen, para felicidad de la mayor hinchada de nuestro país. Hay un dicho popular que habla de que cuando gana Barcelona, el día siguiente es de fiesta para el Ecuador. El fútbol, una vez más, se constituye en una razón de peso para levantar el ánimo de la comunidad.
Ciudad Quito






