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Publicado el 30/Junio/2009 | 00:14

La mayoría de comerciantes y moradores del sector no está de acuerdo con la presencia de  prostitutas. Empero, una veintena de mujeres trabaja en la zona

De jueves a sábado, a partir de las 20:00, es común verla en las esquinas de La Mariscal o de La Y, en el norte de Quito. Le dicen La Nena. Es travesti, tiene 31 años y, desde hace 10, ejerce como trabajadora sexual en las calles. En promedio atiende a ocho clientes cada noche, algunos de los cuales ya son habituales.

"Los carros van, vienen, te llaman, subes, acuerdas la tarifa que vas a cobrar. Si les gustas, te llevan a su casa o sino a hoteles. Mi familia siempre me dice que me cuide, sobre todo de enfermedades. Yo les dijo que sé como manejar esta situación", comenta ella sobre la forma en que consigue clientes.

Al igual que ella, existen varias trabajadoras sexuales que han hecho de las calles del sector de La Mariscal su lugar de trabajo. En las noches es común verlas caminando solas o en pequeños grupos mientras esperan a sus clientes. Su forma de vestir provocativa las distingue del resto de transeúntes.

"No me visto vulgar, pero sí sensual. No hay necesidad de andar semidesnuda para tener clientes. Con las chicas no nos peleamos porque es el cliente quien escoge", explica La Nena.

La presencia de las trabajadoras sexuales es más evidente en las intersecciones de la calle Jerónimo Carrión con la Reina Victoria y la Juan León Mera. La Amazonas y la Nueve de Octubre, en varios de sus cruces, también son sitios donde las prostitutas transitan en búsqueda de clientes.

La mayoría de comerciantes y moradores del sector no está de acuerdo con la presencia de las trabajadoras sexuales en la zona de La Mariscal.

"La ciudad debe generar los espacios de tolerancia apropiados para que quienes ejercen está profesión tengan un espacio digno para ejercer su labor, pero ese espacio no es La Mariscal", comenta Juan Baquerizo, propietario del restaurante Latitud, ubicado en la Plaza Foch.

Mariana Arias posee, desde hace más de tres décadas, un local comercial ubicado en el sector.

"Las autoridades deberían atender el sector de La Mariscal porque es un centro turístico. No nos oponemos a que las trabajadoras sexuales hagan su trabajo, pero no debería ser en las calles", dice la ciudadana.

De acuerdo con Fausto Caicedo, subjefe de la Unidad de Vigilancia del sector, los propietarios de los locales comerciales pidieron que haya más controles de seguridad en la zona.

Al respecto, comenta que lo están haciendo "para tratar de erradicar en lo posible la presencia de trabajadoras sexuales y de quienes causan malestar a la ciudadanía".

"El hecho de que algunas trabajadores sexuales roben no significa que seamos todas. Si a las mujeres que trabajan en esto las señalan, peor nos ven a nosotras", expresa La Nena.
Además, cuenta que no le sorprende el hecho de que muchas personas relacionen el trabajo que realiza con la delincuencia.

"Yo tenía otros trabajos, pero económicamente no es lo mismo. En las calles, aunque es peligroso, en una noche consigo más de lo que antes ganaba en un mes. Además, me gusta y no me avergüenza lo que hago", confiesa La Nena.

Caicedo asegura que la orden vigente para los policías respecto a las trabajadoras sexuales que transitan por el sector es pedirles que se retiren de la zona y, en el caso de existir negativa, proceder a ponerlas a disposición de la autoridad competente, es decir, del comisario de Policía.

"Es necesario mirar con mucho respeto lo que es el trabajo sexual. Pero, de cara al turista, las trabajadoras sexuales paradas en cualquier esquina no es algo que, en mi opinión, aporte a lo que el turista quisiera ver", concluye Baquerizo. (GCM)

La intendenta de Policía aboga por el control


"Lo que nosotros no queremos es trabajadoras sexuales en las calles de la ciudad. Queremos que estén en sitios controlados tanto por la Dirección Provincial de Salud, el Cuerpo de Bomberos y la Policía Nacional. De esta manera nos aseguramos de que no porten enfermedades infectocontagiosas o de trasmisión sexual", manifiesta Lourdes Garcés, intendenta de Policía de Pichincha.

Garcés afirma haberse reunido días atrás con una señora identificada como la presidenta de la Asociación de Trabajadoras Sexuales. Ella le ha manifestado su acuerdo con el trabajo que está realizando la autoridad.

"Lo que nosotros exigimos es que este tipo de locales cumplan con los requisitos de sanidad e higiene. Nosotros creemos que el trabajo que realizan las trabajadoras sexuales debe ser hecho en lugares que no signifiquen para ellas ningún tipo de humillación. Basta con la marginación que ya sufren por el trabajo que realizan", acotó Garcés.
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