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La lucha tibetana es empujada desde el exilio

Publicado el 30/Marzo/2008 | 11:11

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Las manifestaciones estallaron en el 49.º aniversario del levantamiento antichino en el Tíbet, el 10 de marzo, y continúan sin visos de solución

Un grupo de monjes de uno de los templos más sagrados del budismo tibetano desafió a las autoridades chinas manifestándose a favor de su líder espiritual, el Dalái Lama, frente a periodistas extranjeros en Lhasa, capital del Tíbet.

La protesta se llevó a cabo el pasado jueves, durante una visita organizada por el Gobierno chino para dar a los reporteros su versión oficial de los graves disturbios que este mes han sacudido la región, y que incluso llevaron a varios activistas a manifestarse con pancartas durante el encendido de la llama olímpica, el pasado 24 de marzo.

La muestra de descontento tibetano aprovechando la presencia de periodistas se produjo además pocas horas después de que el presidente estadounidense, George W. Bush, se sumara a quienes piden que Beijing entable un diálogo con el Dalái Lama para resolver la crisis.

La represión de las manifestaciones, que se iniciaron el 10 de marzo en el Tíbet y se extendieron a enclaves tibetanos de otras provincias, creó una fuerte presión internacional, con llamamientos al boicot de los Juegos Olímpicos de Beijing, que se inaugurarán en agosto.

China dice que su respuesta a las protestas -las mayores de las últimas décadas- fue moderada y que la situación está otra vez bajo control.

Pero la demostración realizada por monjes del templo de Jokhand, en Lhasa, prueba que aún hay inconformidad con el Régimen chino.

"Queremos libertad, queremos al Dalái Lama", gritaron los manifestantes, según uno de los 26 periodistas que integraban el grupo guiado por funcionarios chinos. Los monjes interrumpieron la intervención de un responsable chino, que hablaba de las recientes grescas, y lo acusaron de ser "un mentiroso".

El incidente fue reportado por la agencia japonesa Kiodo y otros medios internacionales. La agencia oficial Nueva China hizo un breve despacho, sin mencionar las declaraciones de los monjes.

Según Kiodo, "unos 30 jóvenes manifestantes" participaron en la protesta. Un periodista que formaba parte del grupo estimó que eran "entre 50 y 60". Acto seguido, los responsables del viaje invitaron a los periodistas a abandonar el lugar.

El ingreso de periodistas extranjeros en el Tíbet estaba vedado desde que comenzaron los disturbios.

Las protestas en Lhasa se iniciaron con motivo del 49.º aniversario del levantamiento antichino en el Tíbet de 1959, cuya represión forzó al Dalái Lama a exiliarse en India, donde vive hasta ahora.

Tales manifestaciones derivaron en violentos disturbios el día 14 en Lhasa -epicentro de las protestas- y se extendieron a provincias vecinas.

Según la versión oficial, los incidentes se saldaron con 20 muertos: 18 civiles "inocentes"" y dos policías. Las organizaciones tibetanas afirman que la represión deja hasta el momento unas 135 víctimas fatales, 1 000 heridos y cerca de 400 detenidos.

El miércoles pasado, Bush llamó por teléfono al presidente chino, Hu Jintao, para plantearle su "preocupación" por la situación y alentarlo a "iniciar un diálogo con los representantes del Dalai Lama", indicó la Casa Blanca.

Sin embargo, Hu reiteró que considera al Dalái como el instigador de los disturbios, con el fin de sabotear los Juegos Olímpicos de Beijing.

Medio siglo del conflicto


El Tíbet es uno de los principales conflictos políticos y territoriales al que hace frente China desde hace 50 años.

China, que reivindica al Tíbet como suyo desde el siglo XIII, ocupó militarmente en 1950 este reino del Himalaya de teocracia budista, de 1,2 millones de km² y 2,7 millones de habitantes, un año después de la instauración de la República Popular por Mao Zedong.

En mayo de 1951, Lhasa y Beijing firmaron un convenio que sella el "regreso a la madre patria" china del Tíbet con el acuerdo del decimocuarto Dalái Lama (Tenzin Gyatso), líder espiritual tibetano.

Tras unos años de frágil convivencia e incidentes esporádicos, en marzo de 1959 se produjo un levantamiento contra "la ocupación" y la "socialización forzada" que fue reprimido y dejó miles de muertos.

Entonces, el Dalái Lama, que dijo haber firmado el acuerdo de 1951 bajo presión, abandonó el país y fundó un Gobierno en el exilio al norte de la India.

Para enfado de Beijing, la lucha tibetana es cortejada en todo el mundo, particularmente en los países occidentales, y la entrega al Dalái Lama del Premio Nobel de la Paz en 1989 fue percibida por Beijing como un desaire. Sin embargo, en 1988, en lo que se considera una concesión mayor, el Dalái Lama renuncia a la independencia del Tíbet y pide un poder realmente autónomo.

Nueve años después, el presidente chino Jiang Zemin propone instaurar un diálogo si es que se admite que el Tíbet es "una parte inseparable de China", algo a lo que se niega el líder religioso.

Un viaje hacia la libertad


El frío de los puertos del Himalaya y el miedo a ser detenidos, o tiroteados, por la Policía china no menoscaban la determinación de 3 000 tibetanos que cada año huyen al norte de la India, país donde vive exiliado en Dalai Lama desde hace medio siglo.

Tenzin Choeden, monja budista de 24 años, es la última llegada al centro de acogida de refugiados de Dharamsala, una aldea india de las estribaciones himalayas, desde el inicio de las revueltas.

"Doy gracias al cielo por haber llegado sana y salva a India", dice, inclinada sobre su libro de oraciones budistas, y pasando con los dedos las cuentas de su rosario.

Como los 3 000 tibetanos que consiguen pasar a la India cada año, Choeden descansará unas semanas en este edificio mugriento compuesto por un vasto dormitorio, un dispensario y una cocina.

Pero a la joven no le importan las condiciones espartanas del lugar, lo importante es que está viva al cabo de 25 días de extenuante expedición, pagada a $850, entre Lhasa y Nepal, antes de tomar un autocar a la India.

"Estábamos amontonados en un camión y viajamos de noche. Hacía un frío horrible, pero el invierno y el crepúsculo permiten que guardias fronterizos chinos no te descubran", cuenta con una sonrisa, rememorando un viaje con "el miedo en el cuerpo".

"Pensaba todo el rato en lo que me habían contado de esos refugiados que intentaban pasar la frontera entre Tíbet y Nepal, que eran tiroteados por los chinos. Estaba aterrada ante la idea de que nos sucediera a nosotros", recuerda.

En septiembre de 2006, unos escaladores extranjeros que se encontraban en el puerto himalayo de Nang Pa La, cerca del Everest, en la frontera entre Tíbet y Nepal, filmaron a guardias fronterizos disparando contra una columna de 70 tibetanos que caminaban hacia Nepal: una monja de 25 años murió.

Beijing admitió el incidente pero afirmó que sus fuerza de seguridad habían actuado en legítima defensa.

A pesar de los peligros, numerosos tibetanos realizan todos los años la peligrosa travesía entre su país natal y Nepal. Después de llegar a la capital, Katmandú, cruzan la frontera india y van a Dharamsala, lugar de exilio de 100 mil tibetanos y de su jefe espiritual, el Dalái Lama.

Choeden quería seguir estudiando allí las enseñanzas budistas en "un entorno libre y cerca al Dalai Lama".

Con su escuela tibetana y sus instituciones políticas en exilio, Dharamsala quiere ser un crisol de la identidad tibetana, un lugar de preservación de la cultura, religión e historia de esa región controlada por China.

El Dalái Lama recalca sin parar que Tíbet es víctima de un "genocidio cultural" perpetrado por China, que conduce inexorablemente a "la muerte de una nación".

"No hay libertad religiosa en Tíbet", insiste Choeden, en sintonía con Sonam Phuntsok, de 23 años, quien llegó a la India en 2005 porque "las escuelas del Tibet solo enseñan mandarín y cultura china, nunca tibetano, inglés o informática, nada que nos prepare para tener un trabajo".

Huyó entonces con su tío, al que le amputaron dedos de los pies después de una agotadora marcha por los glaciares. "Dos personas de mi grupo murieron de frío y otra desapareció", cuenta Thupten Choedak, que en 2006 desafió la ventisca entre Lhasa y Katmandú.

"Sólo llevábamos unas bolsitas de arroz y cebada, y cuando se acabaron las existencias tuvimos que comer hielo durante tres días", recuerda. (AFP-EFE-PR)

Entrevista con Dalai Lama, líder espiritual de los tibetanos

"Aunque yo muera, el espíritu seguirá vivo"


"Estoy completamente comprometido con la amistad entre tibetanos y chinos"

El líder espiritual del pueblo tibetano, el Dalái Lama, conversó en exclusiva con Newsweek sobre la lucha del Tíbet, su espíritu y cómo reparar las relaciones con China.

¿Cree que los funcionarios chinos todavía esperan que sus problemas en el Tíbet desaparezcan después que usted muera?
La generación más vieja tal vez se vaya, pero las generaciones más jóvenes tienen el mismo espíritu. Ya tenemos líderes jóvenes muy sanos -desgraciadamente incluso hay líderes combatientes- que están surgiendo. El espíritu definitivamente seguirá vivo.

Si Wen Jiabao o Hu Jintao estuvieran sentados en esta habitación, ¿qué les diría?
Siempre me gusta citar a Deng Xiaoping: por favor, busquen la verdad en los hechos. Los instaría a descubrir qué sucede realmente en el Tíbet. Siento un gran respeto por ambos, particularmente por Wen. Él parece muy gentil. También le pediría: "Por favor, demuestre sus acusaciones recientes (de que yo instigué la tensión)". (Risas).

¿Tiene canales alternos de comunicación con la dirigencia china?
No que sean en verdad serios. Los canales usuales siguen allí.

¿Las nuevas tecnologías dificultan a las autoridades controlar la tensión?
Oh sí. Es muy difícil controlar todo.

¿Cuál es la diferencia entre la tensión ahora y la confusión de finales de la década de 1980?
En esa época fue principalmente en las áreas de Lhasa. Hoy, incluso los monjes tibetanos en áreas chinas portan banderas tibetanas. El pueblo tibetano entero tiene fuertes sentimientos. Si (las autoridades chinas) realmente trataran a los tibetanos como iguales, esto no pasaría.

Incluso los tibetanos privilegiados en ciudades chinas han organizado protestas pacíficas. ¿Por qué?
Ocasionalmente me reúno con tibetanos ricos. Conocí uno que primero me dijo que no tenía preocupaciones. Luego confesó (que sentía) angustia y empezó a llorar. Como tibetanos sienten la discriminación sutil de los chinos.

¿Le preocupa la posibilidad de una mayor violencia después que usted fallezca?
Sí. Mientras esté con vida, estoy completamente comprometido con la amistad entre tibetanos y chinos.

Algunas imágenes de las bajas recientes han sido gráficas e inquietantes. ¿Las ha visto? ¿Cuál fue su reacción? Escuchamos que lloró.
Sí, lloré una vez. Una ventaja de pertenecer a la cultura tibetana budista es que en el plano intelectual hay mucha confusión, mucha ansiedad y preocupaciones. Pero en un nivel más profundo y emocional hay calma.

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Hora GMT: 30/Marzo/2008 - 16:11

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