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La leña y el arroz

Publicado el 24/Junio/2012 | 00:52

Gonzalo Ortiz Crespo

gortiz@hoy.com.ec



Casi 400 personas ligadas por la sangre y el afecto se reunieron ayer en un sitio en los alrededores de Quito para festejarse como familia.

No era el matrimonio de nadie ni se celebraba ningún aniversario. Solo querían festejar sus lazos, conocer y reconocer a sus parientes cercanos, a los que, con el tráfago de la vida actual, ya no tienen ocasión de tratar. Compartir un día de la familia, pero no en el núcleo familiar, sino con la familia extensa.

Es que los lazos familiares, además de los biológicos (la consanguinidad) y de los legales (la afinidad), son, sobre todo, un proceso de interacción entre personas. En ese sentido es una construcción cultural. Mientras en las sociedades posindustriales los lazos familiares son cada vez más débiles, las sociedades como la nuestra, las llamadas "en vías de desarrollo", cultivan todavía fuertes e intrincadas redes familiares, que tanta ayuda mutua y solidaridad muestran, por ejemplo, en fenómenos como la migración, la supervivencia en la informalidad y el empuje para salir de la pobreza.

Pero incluso algunas familias de otros estratos socio-económicos buscan la ocasión de reunirse, de reencontrarse, de volver a relacionarse, al menos cada cierto número de años. No son pocas las familias ecuatorianas que buscan reunirse periódicamente, algunas de ellas con encuentros multitudinarios, como el de los Varea en Latacunga; otras con competencias deportivas como las Daviladas, las olimpiadas de la familia Dávila Cajas, y tantas otras que, honrando sus ancestros, pero sobre todo reforzando los lazos comunes, se juntan para pasar un día (o varios) de afectos y recuerdos.

Emiliano Crespo Astudillo (1885-1971), médico, poeta y político, y su esposa, Lola Toral Vega (1895-1980), ambos de Cuenca, fueron el origen de una numerosa prole: 13 de sus hijos llegaron a la edad adulta; se casaron y tuvieron 75 hijos -uno de los cuales quien esto escribe-, que hemos dado origen a nuevas ramas familiares. Hoy somos 412 descendientes directos de esa pareja. Con el afán de impedir que una constelación tan grande -un verdadero big bang- deje de conocerse, la fiesta de ayer, organizada por un pequeño y esforzado grupo, se hizo para celebrar el amor y la solidaridad.

Es que, aunque ya no desempeñe todas las tareas de épocas pasadas, como el trabajo en común, la educación, la formación religiosa, las actividades de recreo, la socialización de los hijos -tareas que hoy realizan instituciones especializadas, desde la guardería hasta la discoteca, pasando por los medios de comunicación y las redes sociales del ciberespacio- la familia sigue siendo el primer núcleo de amor y de solidaridad dentro de la sociedad. La familia es el primer "nosotros" de los seres humanos; una comunión de amor y una comunión de generaciones. Por eso mismo es tan grave y doloroso el caso de los niños sin familia.

De la sabiduría oriental viene el proverbio: "Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres".

 

Autor: Gonzalo Ortiz - gortiz@hoy.com.ec Ciudad Quito

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