Xavier Neira Menéndez
El gobernante siempre tiene retos y desafíos, y sobre todo obligación de responder lealmente a sus compromisos de campaña. El pueblo no permite que ofertas de alta significación material sean burladas y deshonradas.
Aprovechando el desprestigio de la clase política, las debilidades de la prensa, el maridaje de las cámaras empresariales con ciertos enclaves partidistas, y, en general, la crisis de los poderes fácticos encarnados en las FFAA, Iglesia, gremios sindicales, etc., nuevas formas de populismo se entronizaron en el Ecuador. Ello ha dado lugar al surgimiento de nuevos actores que se han encargado de ir copando espacios de poder, al punto de que hoy dominan prácticamente todo el escenario público y con una intolerancia que sorprende. Independientemente del triunfo del Sí o del No, no se avizora el fortalecimiento de la institucionalidad democrática pues el Ecuador está embarcado en una reforma política que no nos está llevando a una verdadera reconstrucción institucional, sino a la consolidación de una autocracia.
Se han creado tales expectativas a la población, que aún antes del evento de ayer hay brotes inusitados de mayor violencia social. La invasión a una propiedad en Esmeraldas al grito de "la tierra ya es de todos" encuentra sustento en agitadores profesionales que nunca faltan, pues dicen que el proyecto de Constitución votado ayer los protege. Si se revisa el texto, el art. 281, entre otras perlas, dice que será responsabilidad del Estado (4) "promover políticas redistributivas que permitan el acceso del campesinado a la tierra
..". Esas son las consecuencias de legislar a la ligera, creando falsas esperanzas.
Mientras el mundo avanza raudo en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías que están cambiando a la sociedad, el Ecuador parece empeñado en experimentar fracasadas recetas que ya mostraron su inviabilidad. La nueva economía social que parte del principio de la solidaridad y no de la competencia, pues el mercado es secundario para sus ideólogos, no pone límites a la intervención del Estado. Los mentalizadores del proyecto de Montecristi han reiterado que el tema del Estado no se resuelve por la cantidad (tamaño) y, por ende, exceso burocrático; sino por la calidad de sus decisiones ya que bajo esa visión el mercado se someterá al control e intervención permanente del Estado.
Así, estamos desperdiciando otra oportunidad para cambiar de verdad. El deseo primario de la gente es progresar. Los trabajadores siempre aspiran a convertirse en accionistas, inquilinos en propietarios, jóvenes en empresarios, pasabolas en deportistas. Es la regla de la vida. Y eso se logra cuando existen libertad y confianza, bienes inapreciables hasta cuando se los pierde. Cuando la política gobernaba no avanzamos sino que retrocedimos. Hoy que gobierna la antipolítica, la alternativa no parece ser mejor.
Es hora de la acción. Todo ser humano aspira a mejorar, y solo lo logra, gústenos o no, quien transita por el exitoso camino de la producción y el trabajo.
ppviche@hoy.com.ec
Hora GMT: 29/Septiembre/2008 - 05:06
