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La fijación de precios

Publicado el 05/Septiembre/2008 | 00:10

Análisis




No hay producto más caro que el que no hay, dice un refrán popular que debería recordar el Gobierno a la hora de pensar en una política de fijación de precios, como un mecanismo para controlar la inflación, que ha fracasado en diversas épocas en el Ecuador.

Esa alerta roja la lanzaron esta semana los tenderos de Quito, al cuestionar la fijación de precios hecha por el Gobierno en ocho productos clave de la canasta básica, entre ellos arroz, azúcar, fideos, leche, atún y hasta la carne de pollo.

Los tenderos advirtieron que sacarían de sus perchas esos productos, porque la realidad del mercado es distinta. Es decir, un negocio no funciona si tienen que comprar arroz, azúcar o atún a un precio determinado y venderlo después a uno más bajo. Si no hay rentabilidad las tiendas, que no son organizaciones sin fines de lucro, por ende quebrarían.

El mismo presidente de la República ha reconocido en reiteradas ocasiones que hay un fenómeno inflacionario producido, no solo por causas internas, sino por una escalada de los commodities en las Bolsas de Valores del mundo.

Si sube el precio de la cadena alimenticia del pollo lo lógico es que también trepe el precio de la carne de pollo. Si a los agricultores les resulta más caro sembrar arroz, por el encarecimiento de los fertilizantes, por ejemplo, ese producto también resultará más caro.

Eso significa que el Gobierno debería entender que la mejor estrategia para controlar la inflación no es la de fijar precios o pretender controlar al mercado con un Policía en cada tienda.

Esas políticas estatales solo terminarán perjudicando a 250 mil minoristas, con la vana ficción de que se beneficia a la mayoría de ecuatorianos. Y es una ficción porque ese beneficio no se ve en la realidad. Los precios de los bienes de primera necesidad siguen altos, y en donde se tratan de poner controles simplemente desaparecen, lo que provoca otro fenómeno igual o más perverso que el de la inflación, el desabastecimiento.

Una de las consecuencias de las políticas de fijación de precios es precisamente desincentivar la producción de esos productos o bienes. Algo similar ocurrió en Venezuela, cuando el presidente Hugo Chávez fijó el precio de casi toda la canasta básica, desde la carne hasta la leche y los huevos. Pronto los supermercados de Caracas quedaron vacíos.

El problema del desabastecimiento persiste en Venezuela, tanto que el presidente Hugo Chávez ha logrado comprometer a su homólogo ecuatoriano para que le envíe los excedentes de la producción de arroz, que antes eran exportados a Colombia. Eso es solo un ejemplo de cómo ese remedio contra la inflación termina siendo peor que la enfermedad.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 05/Septiembre/2008 - 05:10





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