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La fiesta bajó desde las gradas a la cancha

Publicado el 26/Noviembre/2009 | 00:14

En estadio lleno hasta el tope alentó al equipo universitario antes, durante y después de la victoria



Faltaban más de dos horas para que arranque la primera final de la Copa Sudamericana entre Liga Deportiva Universitaria y Fluminense, pero la algarabía y el amor por la camiseta azucena hizo que los hinchas ubicados en la general sur baja empezaran a repartir papel enrollado para recibir al equipo de sus amores.

El bombo, metrónomo del delirio, empezó su trabajo que no cesaría hasta el final del cotejo. Con cada golpe los hinchas brincaban: trapo en la mano, esperanza en la garganta, ojos que miraban ilusionados hacia una nueva hazaña copera.

"Sale albo, sale, sale albo..." repetía, una y otra vez, la Muerte Blanca. El olor acre de los mini juegos pirotécnicos invadió el graderío, mientras resultaban infructuosos los intentos de un policía, que quedó en medio camino, intentando bajar a los hinchas de las mallas.

Recibimiento apoteósico: explosiones pirotécnicas en el cielo, blanco y rojo papel inundando la cancha, bengalas encendiendo los corazones y el árbitro que dejaba todo listo para empezar.

Arrancó el partido y el silencio devino, repentinamente, con el gol de los visitantes. Sin embargo, esta circunspección no duró más que el análisis de ver lo qué sucedía y las voces volvieron a retumbar en ecos de aliento.

Al minuto 20, la marea humana cobró vida: gol de Édison Méndez y las manos estiradas se convirtieron en brazos que apretaban a su vecino, nada importaba, si era conocido o no, si era joven o adulto, si era hombre o mujer. Liga marcaba el empate y la confianza renacía en una hinchada que repetía sin cesar: "Soy de la U, soy de la U, soy de la U...".

Hasta ese momento, nadie sospechaba lo que vendría con la noche. Un niño, en brazos de su padre, estirando sus manitos imitaba los cánticos de los más grandes: es la futura hinchada que la U va alimentando de gloria.

Más adelante, con show de Méndez incluido, Liga destrozaba el planteamiento carioca y los seguidores universitarios no paraban de alentar.

No faltó, como siempre, uno que otro mal aficionado que con tragos encima buscaba malograr la inolvidable noche que se clareaba con los goles de Liga.

Después de el hat-trick del Kinito Méndez, el bajo sur de Ponciano pedía al Mago Salas. Jorge Fossati, técnico azucena, escuchó a su público y mandó a Franklin a la cancha. "¡Vamos Mago, métele ñeque!", gritaba una señora cuyo hijo yacía a su lado en un momento de descanso.

Salas no defraudaría y pagaba con creces la devoción de la Casa Blanca, que coreaba su nombre.

Niños, jóvenes y adultos mayores formaban un solo coro: "... una cosa que empieza con C... ¡Campeón!".

Al final, un reguero de vasos y papeles quedaron en los graderíos mientras los albos abandonaban el estadio con la certeza de que, con la "U", la tripleta de títulos internacionales es posible. (SAM)

El cielo se encendió


La noche de quiteña se prendió cuando Liga Deportiva Universitaria saltó al campo de juego. Después de los aplausos de recibimiento, la mirada de los hinchas se concentró en el cielo donde, durante más de tres minutos, los juegos pirotécnicos "incendiaron" la noche quiteña. Los más felices fueron los pequeños, aunque hubo más de uno que terminó asustado y llorando en brazos de sus padres ante la estridencia de las explosiones.

La hinchada visitante brilló por su silencio


Pese a que la dirigencia de Liga de Quito separó un espacio para 1 500 seguidores del Fluminense, estos no llegaron en la cantidad esperada. De hecho, los aficionados cariocas no sumaron, ni siquiera, los 100 asistentes.

La torcida visitante acompañó a su equipo en el trayecto desde el hotel en el que estaban hospedados hasta la cancha de la U. El ingreso se dio sin mayores contratiempos y los roces entre barras no pasaron de un par de pifias por parte de los locales.

Los brasileños se colocaron en la parte alta, sector nororiental, de la general sur. El estallido de alegría fue imparable cuando, en menos de un minuto de juego, su equipo se adelantaba en el marcador, en lo que resultó un sacudón para los albos.

Pandereta en mano y pitos entre los labios, los brasileños intentaban hacerse escuchar, aunque sin resultados ante la fulminante mayoría liguista.

Apenas 20 minutos duró la alegría pues, con el gol de Méndez y la extremada rapidez en el juego local, los cariocas despertaban de ese dulce sueño.

Paulatinamente sus rostros fueron cambiando y sus voces apagándose ante la inclemencia de su rival. La intención de tomar revancha de la final de la final de la Copa Libertadores, ganada por Liga de Quito en 2008, se veía cada vez más remota para el Fluminense que terminó, igual que su hinchada, pidiendo tiempo.

Tras el cotejo, panderetas pitos y voces salieron con la cabeza gacha y con pocas ilusiones de ver a su equipo campeón. La suerte no está con los cariocas que en el campeonato brasileño pugnan por no descender. (SAM)

Remates



  • La policía Nacional hizo un cerco alrededor de los hinchas de Fluminense durante el cotejo.

  • El cerco policial fue estrechándose de a poco ante la masiva concurrencia de hinchas de Liga-Q.

  • La salida del estadio se desarrolló con normalidad aunque en la calle hubo gran cantidad de gente que pugnaba por entrar gratis.

Hora GMT: 26/Noviembre/2009 - 05:14





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