Enfermedad holandesa es la denominación de las negativas consecuencias que provocan en los países grandes flujos de ingresos producto de la venta de sus activos naturales. El término surge en la década de los 60 cuando la riqueza de los Países Bajos aumentó de manera notable a raíz del descubrimiento de grandes yacimientos de gas en el Mar del Norte. El flujo de dólares hizo apreciar el florín, restando competitividad a las exportaciones de ese país.
El petróleo, gas, diamantes, oro u otros recursos naturales han hechizado a ciertos países condenándolos al atraso económico y la pobreza. Tal es el caso de Nigeria, Venezuela, Sierra Leona, Guinea Ecuatorial, Congo, Ecuador, Botswuana y otros. En los países subdesarrollados, el petróleo ha orientado las expectativas nacionales hacia la corrupción y objetivos alejados de la creación de ingresos y riqueza. La volatilidad de los precios y caídas en la producción han provocado inestabilidad macroeconómica y social.
El petróleo ha restado incentivos para un sano manejo económico y fiscal, y ha deteriorado las instituciones democráticas. Como la renta petrolera está allí, se la puede gravar con impuestos, aumentar participaciones o explotarla, anulando las iniciativas para crear riqueza y tributar sobre la misma. El ciudadano al reducir su esfuerzo fiscal no responsabiliza al gobierno de sus actuaciones y deficientes servicios. La interacción gobierno-ciudadanía se pervierte. La explotación de los recursos naturales ha relegado la visión de largo plazo por privilegiar el populismo cortoplacista para obtener beneficios electorales, políticos y otros.
Países con otro nivel de desarrollo como Noruega, Suecia, Canadá y los EEUU han utilizado el petróleo y otros recursos naturales para aumentar aún más su desarrollo, gracias a la existencia de una sólida institucionalidad existente al momento de descubrirlos.
Desde su explotación al inicio de la década de los 70, el petróleo se ha constituido en la principal enfermedad del Ecuador, la que a partir del año 2000 ha adquirido sus propias particularidades. Gracias al petróleo se ha relegado la necesidad de comerciar con el mundo, de conformar un sector privado robusto que genere trabajo, de hacer del Ecuador un país más competitivo y productivo, de articular un Estado eficiente. En cambio, se ha socializado como esperanza de los pobres una economía de consumo de la renta petrolera y visiones que caracterizan la pereza intelectual para la forja de un país capaz de competir y crecer.
Hora GMT: 09/Abril/2007 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Jaime Carrera/ Observatorio de la Política Fiscal
