Por Juan Falconí Puig
jfp@hoy.com.ec
He sostenido que la década perdida para América Latina no fue la de los años ochenta, sino de los años setenta, pues en ese período se repudió el capital extranjero y se adoptaron políticas económicas (modelo de la Cepal) de sustitución de importaciones y lo que un ex ministro de Finanzas denominó "endeudamiento agresivo". No cabe duda de que los países en vías de desarrollo requieren de recursos e inversión, que puede ser pública o privada, nacional o extranjera; y bien que la extranjera ha colaborado, haciendo utilidades, sí, y a veces exageradas, que no es malo en la medida que el país receptor participe de ellas. Lo malo es que vengan recursos del exterior solo como empréstitos, casos en los que los acreedores únicamente esperan el vencimiento para cobrar el capital o principal más los intereses, sin que le importe el destino ni las posibilidades de pago del deudor. Mientras que, tratándose del inversionista extranjero, de una manera u otra, se compromete con el país, aporta tecnología, genera empleos, conocimientos, oportunidades de mercado y similares, además de pagar impuestos -y hay que hacérselos pagar a todos-, lo que, de plano, establece una diferencia sustancial en el origen de los recursos del exterior, según se trate de inversión o préstamos. Por eso, cuando los latinoamericanos impusimos restricciones y dificultades a la inversión extranjera, en los setenta, los recursos del exterior se fueron al Asia y para acá vinieron como préstamos, que los acreedores cobraron en los ochenta.
Acaba de salir una obra de uno de los más destacados criminólogos ecuatorianos, Edmundo René Bodero, que dedica un capítulo a la deuda privada, y trae pasajes como el siguiente: "La deuda del sector privado fue empleada en la expansión de actividades productivas y en la adquisición de bienes que ninguna relación guardaban con la producción. Los más variados artículos de consumo -entre los que ocuparon un lugar importante los automóviles- fueron adquiridos con aquellos recursos ajenos, que proporcionaron a sus detentadores un transitorio y falso status de riqueza".
Todo esto originó que se dicten resoluciones por parte de la entonces Junta Monetaria, como la 201, que trasladó al Estado la pérdida por el diferencial cambiario. En otras palabras, las deudas en dólares que, en una especie de festín, se asumieron en los años setenta al tiempo de pagarlas en los años ochenta, requerían muchísimos más sucres que los deudores nacionales no querían o no podían pagar.
Claro, hubo técnicos en el Banco Central como un tal Valencia, que emitió informe favorable a que se traslade ese diferencial (pérdidas) al Banco Central. Este fue antecedente para haber trasladado al mismo Banco y al Estado, los fraudes bancarios que explotaron en 1998 y 1999, que ahora, nuevamente, está asumiendo el mismo Central con los bonos de la AGD, sin haberse cobrado, en contrapartida, a los deudores privados y banksters, que, como reyezuelos, viven en Miami.
Hora GMT: 12/Marzo/2010 - 05:17

12/Marzo/2010 a las 11:07
Realmente sorprende la obseción del columnista por el asunto Filanbanco- Isais.No hay otro tema para este señor. Su concepción de la realidad nacional termina en la setisfaccion viceral de sus resquemores y venganzas. Imaginar que este cabalero estuvo y estará posiblemente en las mas altas esferas es preocupante.A la falta de coerencia se suma el hecho que hasta tuvo aspiraciones presidenciables por ventaja sin respuesta a su favor para suerte de este país desvastado por otros inescrupulosos prepotentes.