Se mantiene sin solución la crisis carcelaria. De poco ha servido la emergencia carcelaria, que decretó el Gobierno ocho meses atrás.
La sobrepoblación es una primera hiriente manifestación de la crisis: las cárceles tienen capacidad para alrededor de 8 000 reclusos y, sin embargo, albergan más de 17 000.
El exceso lleva, en algunos casos, a una insoportable situación de hacinamiento: según cifras de la Dirección Nacional de Rehabilitación, en la cárcel de varones de Guayaquil se hallan 5 584 reclusos, a pesar de que solo tiene capacidad para 2 000.
Un alto porcentaje de los 17 283 detenidos corresponde a presos sin sentencia; es decir, solucionar la sobrepoblación no necesariamente pasa por la construcción de más centros penitenciarios, sino exige una reforma que comprende también agilitar el sistema de justicia y un cambio del Código Penal. Algunas de las reformas al sistema de penas se han hecho de espaldas a la realidad carcelaria.
A las condiciones inhumanas, se suman la falta de personal preparado (existe, en promedio, un guía por cada 80 internos), la incapacidad de la organización penitenciaria para cumplir con las obligaciones de rehabilitación en inserción social de los reclusos, la corrupción y violencia que convierten a las cárceles en espacio de reproducción del delito.
La emergencia carcelaria no ha tocado el fondo de la crisis penitenciaria que requiere una respuesta integral desde las diversas funciones del Estado.
Hora GMT: 26/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO
