Con un ritmo anual de 8,2% en abril (y 17% para el rubro de alimentos), la inflación está alcanzando niveles preocupantes. Empieza a afectar con claridad a los hogares, especialmente a los más pobres, que gastan una mayor proporción de su plata en alimentos. Además, una inflación así puede generar un círculo vicioso: muchos productos pueden subir de precio para compensar mayores costos, generando más inflación.
Las razones principales son externas: precios mundiales del petróleo y de alimentos, crecimiento chino, uso de algunos biocombustibles. Sin embargo, decisiones internas como las subidas muy fuertes del salario mínimo o cambios a las leyes laborales incrementan los costos de producción y echan más leña al fuego. Tener una inflación similar a otros países de la región no es consuelo, en especial teniendo el crecimiento más débil de Latinoamérica. Los altos precios del petróleo impactan directamente a la inflación de muchos países cercanos; acá no, ya que tenemos combustibles con precios congelados.
Cómo enfrentar el tema es un difícil dilema. Hay soluciones miopes, aunque políticamente puedan ser atractivas, como prohibir exportaciones o fijar precios. Para un productor de arroz o leche, que le digan que, justo cuando podría por fin vender sus productos en mayor cantidad y a buenos precios, no lo puede hacer, es la mejor forma de incentivarle a que ya no produzca de nuevo lo mismo... generando mayor escasez futura. Al mismo tiempo, el Gobierno debe ampliar mecanismos de apoyo o de subsidio directo a los más pobres, y buscar sistemas eficientes de apoyo a los productores agrícolas pequeños.
Hora GMT: 13/Mayo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Simón Cueva/Vicerrector de la Universidad de las Américas
