Resentimientos
Los líderes no pueden ser tan irresponsables que exploten en las masas el sustrato de resentimiento colectivo
Es algo muy peligroso que nos está pasando esto de la desunión actual entre ecuatorianos. Se percibe en el ambiente una agresividad y un revanchismo que alguien debiera exorcizar antes de que el demonio del mal se apodere de todos y nos lleve al infierno de la discordia nacional. Para hacer verdadera Patria, todos los ciudadanos son necesarios, incluidos los llamados pelucones; así que no excluyamos a nadie y demos a nuestras controversias más legítimas el tono razonable de la buena voluntad y del reconocimiento de que, para hacer un nuevo mundo, si esto es lo que intentamos, todos somos necesarios y siempre será mejor que triunfe la concordia sobre la desunión. Esta siempre tiene sus pretextos en viejos resentimientos acumulados en el alma nacional que pueden ser leídos, por tirios y troyanos, al revés y al derecho, según convenga a cada oportunidad.
El resentimiento pertenece a la clase de sufrimientos inútiles que uno va acumulando día a día cuando no se preocupa de esa higiene mental tan necesaria que consiste en botar al basurero del alma los desechos emocionales que se producen por la distancia entre el deseo y su satisfacción. Si no drenamos esa basura, entonces se acumula, se pudre y contagia todo nuestro ser. Después, por contigüidad, va contaminando el ambiente hasta extenderse hacia la sociedad y sus diferentes estados. Se producen así las asociaciones de amargados anónimos que conspiran siempre en cada sociedad contra quienes consideran causa de su desgracia y que suelen ser personas comunes, pero a los que no se les perdona cierto aire de satisfacción y de conformidad con lo que son, cierto éxito, que al acomplejado le resulta irresistible, por el sentimiento de impotencia que le produce sentirse inferior a los demás.
El resentido puede haber sido objeto de un agravio real o imaginario, personal o de clase. Siempre reacciona con un deseo impotente de venganza. Siente dolorosamente la inferioridad frente al adversario y busca desquitarse, pero no puede; en el fondo, lo admira y quisiera imitarle, pero sabe que no puede ser como él y lo descalifica tratando de eliminarle. Es una guerra sucia, propia de débiles, pero larga e inacabable, con la que se busca el aplastamiento real o imaginario del enemigo. Quien padezca estos males personal o colectivamente, sea víctima o verdugo, solo podrá sanarlos superando el deseo de venganza con la capacidad divina que tiene el hombre de perdonar a sus enemigos. Es lo que nos enseñó Jesucristo y merece la pena imitarlo.
Es una tarea esencial en el ámbito moral, social y político. Los líderes de nuestras sociedades, si son civilizados (y además bien intencionados), no pueden ser tan irresponsables que exploten en las masas ese sustrato de resentimiento colectivo acumulado por la historia ancestral para ponerlo al servicio de una campaña electoral en la que prima el narcisismo a costa de promesas imposibles de cumplir y que solo aplazan el momento de un mayor desencanto y de un mayor resentimiento. El problema solo se resolverá capacitando a la población con herramientas que le permitan asumir un futuro liberador que consistirá en educar de verdad, es decir, formar e informar a los ciudadanos para que puedan elegir en cada coyuntura las mejores rutas de crecimiento personal y comunitario.
rofer@hoy.com.ec
Hora GMT: 06/Septiembre/2008 - 05:11

06/Septiembre/2008 a las 06:52
Totalmente de acuerdo. Es triste ver como este presidente, quien dice ser un lider innato, mas bien parece aquello que critica, un bravucon de barrio, un caudillo tal vez, un prepotente caprichoso lleno de complejos y traumas que desde su puesto contagia al pueblo sembrando mas odios, resentimientos, revanchismos que nos dividen mas como pais y confundiendo la justicia con la venganza. Que tristeza por mi Ecuador