Entre giro y giro de los gigantes juegos mecánicos, la ciudadanía se olvidó por un momento de la cotidianidad
Luces de colores, gritos y risas, olor a algodón de azúcar y manzanas bañadas en caramelo...Es el ambiente que se vivió en el Play Land Park, la "ciudad de hierro" que se instaló en Solanda, al sur de Quito.
Durante su estancia en la capital, cada fin de semana acudieron unas 3 000 personas, que vivieron un caos similar al que se tiene a diario en la capital. En los "carros chocones", el público condujo a sus anchas y sin ninguna sanción. A un costado, "El Terminator" fue la atracción de cientos de personas con "nervios de acero" que hicieron fila pacientemente, para sentir por tres minutos la ley de la gravedad. Desde abajo, los que no alcanzaron su cupo gozaron con los gritos, cuyos ecos se perdían en la oscuridad de la noche.
"El barco pirata" también provocó histeria colectiva. En medio de su vaivén se podía ver a un muñeco que, sentado en lo alto del mástil principal, parecía burlarse de los tripulantes. "La licuadora", "El gusanito" y una minimontaña rusa fueron los preferidos por los jóvenes.
Otras personas fueron a trabajar. Mireya Rosales vendía tiquetes, atrapada en una taquilla de metal con apenas una rejilla para respirar.
Pero no solo fueron las máquinas lo que llamó la atención. El tiro blanco y los juegos de azar para ganar peluches, dulces y hasta billetes de $1 a $10 distrajeron por igual a los visitantes y los que no tenían dinero, simplemente, fueron a ver.
Hora GMT: 05/Octubre/2008 - 05:10













