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La censura

Publicado el 23/Junio/2009 | 00:11

Por Cecilia Velasco

En Larry Flint contra la comunidad, una película de Milos Forman, se narra la historia del empresario así llamado que, tras tener negocios de diversa factura y moralidad, se convierte en el editor de revistas escandalosas y pornográficas. En una de ellas, se publicó una caricatura con acres burlas en contra de una autoridad religiosa local, lo que trajo consigo la reacción y protesta de los sectores más puritanos y conservadores del país que pedían el cierre definitivo de la revista de marras. Los argumentos en defensa de la publicación tenían que ver con que, al tratarse de humor, era claro que no se estaba difamando en serio a nadie y, claro, la invocación de la famosa Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU, según la cual la libertad de expresión es irrestricta y absoluta.

Probablemente, el sucedáneo de publicaciones periódicas de la índole a que me he referido habrá sido, entre nosotros, la revista de Pancho Jaime que, entiendo, tenía circulación restringida y era "tolerada" como un subproducto de la cultura popular. En algún ejemplar que vi alguna vez, se podía reconocer a figuras públicas locales desnudas en actos obscenos; la intención simbólica habría sido retratar oscuros pactos coyunturales entre políticos más o menos prestigiados. Pancho Jaime, de quien se podría decir que empleaba el insulto y la degradación caricaturesca, fue asesinado.

Seguramente habrá tenido muchos enemigos entre aquellos a quienes ridiculizaba, pero es claro que fue una víctima. Su producto, hecho de papel y tinta, despertó la reacción extrema que llevó a liquidarlo físicamente. Los defensores de los derechos y las libertades en el mundo entero jamás podrían aprobar el que un editor de una publicación sea asesinado. Una de las conquistas más caras de las sociedades democráticas modernas es la libertad de expresión. Los gobernantes tienen que saber lidiar con los medios de comunicación, en los que caricaturistas, humoristas y gentes de opinión cuestionan, con desigual grado de gracia o inteligencia, al poder. El presidente Correa tendría que saber tolerar las críticas de los periodistas que no están de su lado en diversa medida, como Jorge Ortiz, Palacio, Carlos Vera, Diego Oquendo… y la lista podría extenderse bastante más. Se ha atacado a figuras del periodismo político con argumentos que, incluso, han tenido que ver con el aspecto físico -peso, talla, modo de hablar-. No ha sido desde los medios que se ha degradado a las figuras del poder, sino al contrario. El presidente ha ridiculizado o, al menos, lo ha pretendido a periodistas de opinión. Existe, ahora, una fuerte amenaza en contra de Teleamazonas con argumentos completamente deleznables que muestran un claro afán punitivo y de persecución.

Si los canales de TV nacional son mediocres, como en efecto ocurre muy a menudo, no es con mecanismos de censura, ejecutados desde el poder, cómo la cosa va a mejorar. Por otra parte, las voces de la censura no se han hecho escuchar en contra lo peor que tienen nuestros canales locales -shows en los que brillan sexismo, racismo, machismo-, sino con relación a Los Simpson, inteligente y cáustica tira cómica hecha en los EEUU.

cevelasco@hoy.com.ec

Hora GMT: 23/Junio/2009 - 05:11

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Comentarios

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  1. 1 Oswaldo Mesias desde - Quito

    Realmente estoy confundido con la actitud del gobierno. ¿Será posible que sean tan inteligentes como para entender y temer a los Simpsons? Yo creo que no es necesaria la censura por que la triste verdad es que los votos por los bonos seguramente son más que por los Simpsons.

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