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La cantata Puka Runa

Publicado el 06/Junio/2010 | 00:04

Por: Ileana Almeida*
analisis@hoy.com.ec

¿Qué es lo que mostró la Cantata Puka Runa con la cual la fundación Pueblo Indio rindió homenaje a su fundador, el obispo Leonidas Proaño, para que el público del Teatro Sucre la acogiera con enorme y espontáneo entusiasmo? La pieza, que cuenta con el concurso de más de 170 personas en escena, narra la vida del sacerdote que se consagró a convertir en realidad los anhelos indígenas de superar el aislamiento, la pobreza y la expoliación. Cuenta la fascinación que ejercía sobre él la cultura de los quichuas, que a pesar del secular menosprecio de que han sido víctimas han sabido preservar el sentido de la belleza en el alma del pueblo y la experiencia de la realidad como fuente de la conciencia. "Salvemos las culturas indígenas antes de que sea demasiado tarde, porque ellas conservan los sentidos comunitarios que podrían dar sentido al futuro de todos", decía el Obispo de los Indios.

Alrededor de monseñor Proaño y la comunidad indígena, personajes inseparables en la historia y en la cantata, se formulan hermosas metáforas en el lenguaje hablado, en la música, la danza, el canto, la mímica, la escenografía, todo para relatar una saga moderna, que induce a comprender de donde proviene la verdadera justicia. Están presentes dos culturas diferentes, la quichua y la mestiza. Se escuchan sus palabras sencillas e iluminadoras y como telón de fondo resuena sonora la lengua quichua. La hipocresía de la iglesia oficial, que tanto combatió a Proaño, contrasta con la humilde labor agraria de los comuneros. La voz del bajo que canta en español pone contrapunto a la pureza de la soprano quichua. La interculturalidad es posible cuando hay una actitud sincera. En la obra se recrean rituales antiguos como el tejido de cintas rojas que modela el mundo a la manera mítica, bajo la prédica evangélica de la Teología de la Liberación. Con solvente dominio escénico se representa la vida austera del obispo: una mesa, una ventana desnuda bajo una tenue luz. El conflicto entre el Estado y los pueblos indígenas, que no acaba hasta ahora, se simboliza en la escena del asesinato de Lázaro Condo. Es gran mérito de los realizadores y ejecutantes haber logrado exteriorizar las posibilidades y proyecciones que tienen hacia el futuro los códigos culturales quichuas, como quedó demostrado en la corta, demasiado corta, temporada que se les asignó. La obra tiene un brillante final: los coros, la orquesta sinfónica y la de instrumentos andinos entonan un himno a la verdad y al amor, en quichua y en español, mientras el poncho blanco que vestía monseñor Proaño, el único escudo que usó frente a los ataques del poder, se eleva a las alturas para significar cuan auténtica sigue siendo la Revolución del Poncho.

* Filóloga

Hora GMT: 06/Junio/2010 - 05:04

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