Por Marco Lara Guzmán
Como el gobierno se ha dedicado a inundar groseramente los espacios de radio y TV con su costosa propaganda por el Si, es justo y equitativo que quienes vamos a votar No, anotemos nuestras razones. Hoy veamos las barbaridades del lamentable proyecto de Montecristi que otorgarían facultad de voto a los ecuatorianos de 16 años y la posibilidad de que quienes tengan 18 años puedan ser diputados o asambleístas.
Salta a la vista que tales propósitos han merecido el rechazo de los sectores pensantes del país. Nadie, en su sano juicio, está de acuerdo con que los cuasi infantes deban tener derecho a voto y, peor, el de ser legisladores. La gente piensa, y con mucha razón, que esas edades son, normalmente, insuficientes e inadecuadas, tanto para que se pueda ejercer el derecho al voto con solvencia anímica e intelectual, cuanto para que se pueda acceder a la estremecedora tarea de legislar y, peor, de fiscalizar.
Eso, salvo que se trate de la niñez de Aristóteles o Einstein, genios desde que aprendieron a caminar, es una verificación que se demuestra en la vida. Las leyes de todo el mundo, las ecuatorianas incluidas, prevén la relativa incapacidad jurídica del menor para la toma de decisiones en múltiples materias, como el matrimonio y otras relaciones civiles e inclusive para el régimen penal. Si un menor es inimputable penalmente hasta cierta edad, cómo no va a ser incapaz nada menos que para ejercer roles cívicos, de los que no depende lo personal o particular, sino la suerte de millones de personas.
Me parece hasta ofensivo para los lectores extender tales demostraciones. Por ello resulta más provechoso especular sobre las motivaciones para que la mayoría gobiernista de Montecristi haya discutido y aprobado, lo de discutido y aprobado es gentileza mía, disposiciones como las que comentamos. La cosa aparece clara. Dar el voto a los jovencitos de 16 años, es decir a quienes apenas si están saliendo de la etapa impúber, es una demagogia que atiende, precisamente, a la necesidad electoral de halagar y atraer a un número amplio de la población, puesto que la pirámide demográfica revela que un importante porcentaje del país se encuentra en tales edades. Si no fuese así, los demagogos no se habrían fijado en los jóvenes, ni les estarían cantando las loas que ahora se les ha ocurrido. Pero hay más. Tal como se ha visto, por ejemplo en el Colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil y en otros igualmente conocidos, resulta que los alumnos secundarios son fácil presa de los profesores militantes del MPD, que les usan de carne de cañón para sus objetivos partidaristas. Que lo digan la FESE y la JRE. A ese partido, por ahora al servicio de Correa, le interesa aumentar sus efectivos y, obviamente, quedar bien ante su jefe.
Peor es el caso de rebajar a 18 años la edad para ser legislador. A esa edad casi nadie sabe lo que hará de su vida. No se tiene profesión ni se han hecho estudios universitarios. Nadie ataca a la juventud, pero la experiencia es irreemplazable. Señores demagogos: ¿No dicen que quieren darnos una nueva democracia, distinta de las improvisaciones, de las audacias iletradas y más antiguos defectos?
mvlaraguzman@hoy.com.ec
Hora GMT: 05/Septiembre/2008 - 05:07

05/Septiembre/2008 a las 10:05
La decisión de conceder derecho al voto a partir de los 16 años, no creo que sea demagógico sino un triunfo friamente calculado por el MPD, movimiento "comunista" (oportunista)que maneja desde su fundación a la mayor organización juvenil de los colegios secundarios. Indiscutiblemente, son cientos de miles de votos los que están en juego y que espera manipular la dirigencia del MPD para mantener su poder en el magisterio, Seguro Social Campesino y organizaciones sindicales. Si se aprueba el voto facultativo para los militares, en cada cuartel ¿deberán funcionar núcleos activistas de las diferentes tendencias políticas?.