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Julio Pazos

Publicado el 24/Mayo/2007 | 00:00

Julio Pazos Barrera (Baños de Agua Santa, provincia de Tungurahua, 1944) es cocinero, conversador y poeta. Y sobresale en estas tres artesanías. Cocina él, de preferencia, comidas de tradición ecuatoriana de la Sierra Central, pero se atreve con toda la rica comida ecuatoriana y el formidable sistema fluvial de nuestras sopas no superado por ninguna hidrografía gastronómica de las Américas mestizas.

Cuando Julio, antes de la crisis bancaria cocinaba en las hornillas de los regímenes Durán-Ballén, Abdalá, Alarcón y Jamil, invitaba a 20, 30 y hasta 40 amigos y familiares, parecía un capitán de rancho vigilante de todos los detalles, proporciones, condimentos, hierbas, minutos de cocción a fuego vivo, a fuego lento, al vapor, probando, meneando la cabeza, haciendo probar en una cuchara de palo una preciosa muestra del caldo madre a su esposa Laura. Entonces, la cara solemne de Julio se iluminaba con el sol del sabor construido artesanalmente, y el cocinero de Agua Santa se premiaba con un sorbo de vino de mediana calidad. Conversa siempre que invita a comer en ocasiones especiales, conversa en los cocteles, conversa en su oficina, conversa en los pasillos de la universidad, conversa en la calle, conversa y se adorna de detalles descriptivos, de narraciones minuciosas sobre la historia de Baños, la gente, los miles de chismes de su trabajo. Para quien le quiere escuchar es un gran placer: el de retornar a la niñez, a las familias patriarcales, a la tribu. Se parece a Bill Clinton en la calidez con que acoge y escucha, según dicen del presidente, noticieros, biografías, crónicas frívolas y graves revistas de liderazgo y ética empresarial. Julio es poeta. Los de verdad se reconocen por dos criterios: cuantitativo y cualitativo.

Los poetas-poetas han escrito mucha poesía a lo largo de la vida. No son gente de chispazos felices ni de "le sonó la flauta por casualidad". Hay en las obras de los poetas de verdad mucha consistencia hecha de una visión peculiar del mundo y de sus límites precisos la vida, el amor, la muerte. No son de pasión a cuenta gotas. La calidad puede variar según las épocas o etapas de su poesía. El "su" se refiere al sujeto de la frase: los poetas de verdad son caudalosos.

Pero siempre habrá en ellos ese no sé qué, ese perfume interior, esa joya de la lengua que los consagra aunque funjan de clásicos, barrocos, románticos, simbolistas, modernistas, y todos los icos, ocos, istas de la loca poesía del siglo XX y del XXI.

El criterio cualitativo es que conmueva al lector. No importa dónde: cerebro, corazón, estómago, glándulas, ojos, narices, manos, lágrimas, pañuelos o frío bajando de la columna vertebral hasta el fondo de la nada.

Julio presentó la noche de ayer una selección abultada de su poesía de trabajo artesanal, afectivo, intelectual, estético de más de cuatro décadas. Lo hizo en un libro auspiciado por la Casa de Cultura Ecuatoriana, en ediciones de gran formato dedicadas a los grandes poetas ecuatorianos del siglo XX. Habría querido yo confirmar lo dicho con algunos ejemplos, pero el Alzeimer y la corrupción han hecho que desapareciera de mi memoria el libro de anoche. Gracias a la vida que haya seres como Julio en este mundo de frivolidades, oropel y tanta vulgaridad.

Hora GMT: 24/Mayo/2007 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Simón Espinosa Cordero





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