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Juan Cueva

Publicado el 15/Diciembre/2009 | 00:06

Por Andrés Vallejo
avallejo@hoy.com.ec

Cuando Magdalena, Juan Martín y Simón me pidieron que diga unas palabras en tu despedida, les dije que no sabía si podría hablar. Y, hasta ahora, no sé si pude decir lo que siento transmitiendo lo que sienten los amigos que estuvieron a despedirte.

Eres, Juan, ese amigo especialmente inteligente que se nos ha adelantado, que nos deleitó en sus años de periodismo con su mordacidad y su valentía, que afrontó los embates de la intolerancia con sentido del humor e inteligencia, que fue anfitrión generoso e inigualable, que desempeñó sus tareas diplomáticas en su querida Francia con eficacia y señorío, que honró a la cultura con su ejercicio y que ha decidido adelantarse a todos nosotros, que algún día te seguiremos.

Tuviste, Juan, las condiciones del caballero y amigo en el más amplio sentido de la palabra.

Cómo olvidar tu sentido del humor, que es atributo de los seres humanos sanos.

Recuerdo siempre con regocijo lo que hiciste en la interpelación en el Congreso al ministro de Finanzas Alberto Dahik. La estrategia gubernamental conducía a prolongar todo lo posible el juicio político, al extremo de que se inscribieron para hacerlo los diputados del Gobierno, convirtiéndolo así en un proceso interminable.

Hablaba largas horas ya uno de los diputados del Gobierno, que tenía una carga de carpetas a su lado, hasta que se descontroló y perdió el hilo de la intervención.

Nadie se explicaba lo sucedido: te acercaste a su curul y le barajaste las carpetas, lo que permitió terminar la interpelación. O cuando, entrevistado en la televisión, te preguntaron por tu relación con el coronel Rafael Armijos, líder del partido conservador, "Su padre político", te dijo el periodista, a lo que contestaste de inmediato: "No es mi padre político, es mi suegro nomás".

Así eres, Juan. Lúcido, amable, valiente, firme y conciliador, hombre necesario cuando de buscar soluciones se trata. Porque la vida no es -no debe ser- de posiciones irreductibles en que se considera todo blanco o negro. Tú sabías que hay tonalidades, muchas tonalidades en el medio, y que hay que buscar el justo término para que las cosas, tantas cosas importantes que pasan todos los días, fluyan y funcionen.

El país te debe mucho, Juan, y Quito en especial, a cuyo servicio te hallabas consagrado desde la Fundación Caspicara y desde tu gran labor cultural en la Alianza Francesa.

La despedida de un amigo es siempre triste y dura y más cuando ese amigo se va tan impensadamente. Esos arbustos hermosos que plantamos juntos, con flores que parecen pajaritos, estarán siempre en el jardín de nuestra casa y procuraremos que en muchos más, en tu memoria.

Ahora, en esta triste circunstancia, es momento de expresar a Magdalena, Juan Martín y Simón, y a tus nietos, que les queremos mucho, como te queremos a ti, Juan, nuestro amigo, que solo te has adelantado, porque sigues entre nosotros.

Hora GMT: 15/Diciembre/2009 - 05:06

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Comentarios

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    "Los amigos que fuimos a despedirte". o
    "Los amigos que fueron a despedirte", en ningun caso "estuvieron". De nada.
    Finalmente alguien se acordo de este hombre ilustre, parece que alguna vez trabajo para "HOY", justamente

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