En una acción espectacular que la prensa denominó acertadamente "de película", los servicios de inteligencia militar colombianos rescataron a 15 secuestrados, entre ellos a la joya más preciada, la excandidata ecologista Ingrid Betancourt, convertida en una Mademoiselle premiada y solicitada como símbolo mundial contra la perversidad del secuestro. La operación llamada Jaque infiltró de tal modo a la guerrilla que la misma comandancia de las FARC cayó sin pena ni gloria en el ardid. No hubo sangre. Sí, una puesta en escena tan ascéptica y milimétrica que, según la versión del presidente Uribe, los militares pudieron haber disparado desde el helicóptero contra los guerrilleros, en un acto de "magnanimidad". Siguiendo un nuevo concepto estratégico, el ministro de defensa colombiano le explicó a la revista Newsweek: "no exterminaremos a la guerrilla sino que recibiremos con los brazos abiertos a cualquiera que desee reintegrarse al sistema."
Parece que ahora los altoparlantes coadyuvan con las metralletas y que aquellos pueden ser más efectivos, con la voz de Íngrid, para invitar a los guerrilleros a que abandonen la lucha armada. La disuasión por las buenas quiere incidir más sobre la persecución y el enfrentamiento por las malas. A su vez, la guerrilla ha hecho dar la impresión de que está fragmentada y descabezada. Jaque, pero no mate, mi general. El bombardeo ilegal a la columna de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano parecía un mandoble definitivo. El 26 de marzo murió "Tirofijo", el fundador de las FARC, y solo en mayo los jefes de la guerrilla les informaron a sus subordinados. Muerto el rey de la toalla al hombro, ( por fin tiró la toalla, dijeron los colombianos) sectario y astuto, se presumía un desbarajuste acelerado, una desbandada a salto de matas, el acabose del terrorismo camuflado obsoletamente de ejército insurgente con razones sociales insustentables.
El 20 de julio, día de la independencia colombiana, miles de ciudadanos marcharon, en varias ciudades del mundo, para protestar contra el secuestro y los horrores perpetrados por la devaluada lucha armada. Para colmo, el presidente Chávez, hace poco defensor abierto del carácter deliberante de las FARC, ha declarado que la guerrilla está fuera de la historia y que debiera devolver a todos los secuestrados a cambio de nada.
Íngrid, la heroína perseverante, seguirá implacable contra sus captores y grata con la línea político militar del popularísimo Uribe. Aislados cada día más en el contexto mundial, los guerrilleros acaban de recurrir a la mano oportunista de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, quien, incapaz de ir más allá de los lugares comunes, tratará de apuntalar la desvencijada maquinaria de sus depravados "hermanos". No obstante lo magistral del rescate y de las señales de agonía guerrillera, dos líderes, uno de ellos, Granja, recientemente liberado por el gobierno, han alegado que no negociarán con Uribe. Las FARC podrán estar en jaque, pero no en jaque mate.
Su juego es letal: no quieren negociar la paz; les vale un bledo que el mundo entero los aborrezca. Su apuesta es, por lo tanto, numantina: morir combatiendo sin tirar la toalla. Abuuucheemos.
*Narrador y profesor universitario
Hora GMT: 28/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Iván Ulchur Collazos
