|    Pico y placa Quito:      |  

Publicado el 07/Noviembre/2010 | 00:04

Marco Antonio Rodríguez*
analisis@hoy.com.ec

El tiempo, presente eterno que nos parece impensable y ficticio, fue en Jaime Valencia (Quito 1916 - 2010), por definición, lo instantáneo, y lo súbito es la forma más pura, intensa e inmediata del tiempo.

Ideólogo de su generación (me aventuro a afirmar que el maestro Valencia fue el más estudioso de sus compañeros), llevó de la mano al marxismo -o al menos a su iniciación- a la mayoría de ellos. Sin embargo -paradoja extraña-, cultivó mínimamente lo que se nombra alegremente como indigenismo o realismo social (arte denunciatorio de un sistema de muerte, en el que siguen deambulando las clases desposeídas de nuestro país). Su vasta obra artística es más un merodeo por varias tendencias, antes que una propuesta vertebrada y sólida; impetuosos escarceos de series que -quizás- no estuvieron a la altura de su talento creador.

En sus tramos iniciantes, asumió el neoexpresionismo de su tiempo, pero con su impronta adobada en los cánones de Kandinsky. Lector de oficio, el maestro Valencia sentía predilección por la biografía del fundador del abstraccionismo y los escritos que produjo en su Almanaque de Der Blaue Reiter. Melómano también el maestro Valencia, por los ochenta, tituló a una obra suya Metáfora, Música de Stravinski, en la corriente de su paisajismo abstracto; Composición 1 y Composición 2, fechadas en 1977, muestran, en cambio, símbolos precolombinistas conjugados con acentuada estilización y atinado tratamiento de la materia. El maestro Valencia estudió a fondo nuestras culturas madres y los libros Estética del arte precolombino y Dos etapas estelares del arte ecuatoriano, además de las abundantes páginas aún inéditas, avalan mi aserción.

Como escultor trabajó los relieves del frontis de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. El maestro Jaime Valencia falleció hace poco.

Cuando escuchemos esa suerte de segundo himno nacional que es "Vasija de barro", debemos recordar que fue autor de una de sus estrofas:

"Arcilla cocida y dura; alma de verdes collados; barro y sangre de mis hombres; sol de mis antepasados". Versos que develan su amor por nuestras culturas originarias que siguen excluidas en nuestras reformas educativas.

*Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, narrador y ensayista
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