Por Fernando Moncayo Castillo
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Hace pocos días, 15 ecuatorianos cruzamos la meta de una de las carreras de resistencia más intensas que hay en el mundo: el "Ironman", u "hombre de acero" en su traducción al español. En un máximo de 17 horas teníamos que recorrer 3,8 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta, y 42,2 kilómetros corriendo. De un total de 2 800 personas que estuvimos en la línea de partida, cerca de 1 900 terminamos la prueba. Todos los ecuatorianos lo logramos. Llegamos a alcanzar una meta que para muchos parece imposible.
Me permito comentar esta experiencia personal por las imágenes e ideas que vinieron a mi mente durante los últimos kilómetros de la prueba: todos los ecuatorianos que tienen un negocio propio, independientemente de su tamaño, estamos viviendo nuestro propio Ironman; una carrera de resistencia que tiene un poco más de tres años para ser completada, si es que no se nos ocurre elegir nuevamente a un gobernante del autodenominado "Socialismo del siglo XXI", que nos ha hecho pasar de una larga noche neoliberal a constantes apagones de ilusiones. Es evidente la falta de circulante y restricción del consumo en los últimos meses. El comercio exterior ha sido maniatado. No se ven opciones reales de nuevos mercados que no sean Cuba, Rusia, o Irán. Sin comentarios. La falta de planificación eléctrica ha hecho retroceder a la industria nacional a épocas de las cavernas. El crédito es selectivo. La inversión extranjera es mínima. Ni se hable de la inversión interna, la gente tiene miedo. No hay confianza.
No existe un crecimiento real de la economía. Dependemos únicamente de un precio del petróleo tan volátil como el temperamento de algunos. Todos esperan, pisan con cautela, los indígenas se levantan, y la revolución ciudadana comienza a tener cada vez menos ciudadanos. Definitivamente nos encontramos frente a la carrera de resistencia más intensa de nuestras vidas. El disparo inicial fue dado años atrás. Hay muchos que se comienzan a quedar sin líquidos, mejor dicho, ilíquidos. Las reservas de glucógeno en los músculos, léase dinero, energía, e ilusión, están llegando a sus niveles mínimos. Las pulsaciones del corazón bajan, es ya imposible mantener el ritmo de carrera planteado. La desesperación comienza a embargarnos cuando vemos que varios extranjeros nos pasan "como a poste". Nos sentimos mareados por la falta de circulante, perdón, circulación, en el cerebro. ¡Todo lo que hicimos para poder llegar aquí¡
¡Falta tanto! Comenzamos a caminar, los músculos se contraen, la respiración se intensifica, el calambre es inminente. Muchos ya están en el suelo, otros seguimos corriendo. Cada vez con menos participantes, nos damos apoyo con los compañeros de carrera. Hay gritos, gemidos, muecas, llanto. Se escuchan rezos en voz alta. Trato de tomar algo de alimento o líquido para mantenerme corriendo, solo pienso en poner un pie frente al otro. Ya no aguanto, y todavía faltan más de tres años. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos corriendo? ¿Hasta donde podremos hacerlo? ¿Abandonamos la prueba? O, ¿cancelamos el evento? ¡Un pie frente al otro¡ Hoy si, mañana también. Hasta que mi corazón no pueda más, y se pare por el esfuerzo de querer seguir luchando.
Hora GMT: 22/Noviembre/2009 - 05:09
