Por Omar Ospina García
El silencio ha sido elocuente y temeroso. Ni editorial oficial por parte de algún medio escrito, ni comentario radial de ninguna clase, ni observación por parte de nuestros más famosos y lenguaraces (cuando se trata de criticar al Gobierno por cualquier minucia, no se diga por sus excesos, en nada semejantes, por otra parte, a los de regímenes de terrorífica recordación, en los que también hubo temeroso silencio por parte de los más famosos) comentaristas de la televisión. Silencio total. O, mejor dicho, casi total. Pues una mujer, lúcida editorialista de este Diario, fue la única persona que se atrevió a criticar la intervención del jefe del Estado Vaticano (iba a escribir Máximo Jefe, pero ya sabemos que el Máximo Jefe no vive allí sino "en todas partes", razón por la cual no tiene domicilio conocido) en la política interna del Ecuador, país soberano, independiente y laico por si alguien lo ha olvidado.
Al papa Benedicto XVI, quien hace algunos meses expresara, con la autoridad que le otorga su condición de Representante de Dios en la Tierra, que "quienes no llevan a Cristo en su interior son seres "oscuros" por dentro", le llegó por los caminos de Dios la queja, que más parece chisme, de que la nueva Constitución del Ecuador es "abortista" porque defiende el derecho a la vida digna de la mujer (al fin y al cabo apenas una mujer, si se sigue el pensamiento de Agustín y de Tomás de Aquino), embarazada con violencia o sin su consentimiento, y no la del cigoto (ni siquiera feto aún) impuesto. El chisme, o la queja, llevaron al jefe del Estado Vaticano a criticar la Constitución de un país en el que no ejerce autoridad más allá de la íntima, religiosa y personal sobre los habitantes católicos y adscritos a su Iglesia. Y que si bien pueden ser mayoría no por elección libre, madura y voluntaria sino por imposición dogmática ancestral, ello no convierte al país en una Teocracia como la Vaticana. ¿Qué hubiera ocurrido si la Nueva Constitución no del agrado de los medios hubiera sido objeto de crítica por parte de Chávez, Evo Morales o, peor aún, Fidel Castro? Pues la protesta no se hubiera hecho esperar, en los más duros términos por supuesto. Como ha ocurrido cuando al Coronel Chávez se le ha ocurrido algún comentario inane sobre la política ecuatoriana. Creo que ni siquiera a Uribe, tan admirado por nuestra prensa y la clase dirigente tradicional, le hubieran pasado por alto una referencia política sobre nuestra realidad. ¡Ah!, pero es el Papa, delegatario de Dios y Vicario de Cristo en la Tierra.
Coletilla: es una pena que la Santa Sede, como Ciudad Estado, no forme parte de las Naciones Unidas, por razones obvias: en ella gobierna, por interpuesta persona, el mismo Dios. Y, como lo dijo Jesucristo, su reino no es de este mundo. Es una pena, repito, porque bien hubiéramos podido protestar ante el organismo mundial por la indebida intromisión vaticana en asuntos propios de otro Estado. O quizá, incluso, ante el Consejo de Seguridad. En fin, queda la Corte Celestial. Omar Ospina García
oospina@hoy.com.ec
Hora GMT: 26/Octubre/2008 - 05:07

26/Octubre/2008 a las 09:03
Este señor editorilista critica la actitud silente de ciertos periodistas ante un determinado hecho y en su ceguera no se da cuenta que igual lo hacen ciertos "defensores" de los derechos humanos (lèase Ponce...Monge...etc).
Pero...ahì no dice nada, absolutamente nada.
Ojalà me publiquen este comentario y ojalà lo lea el señor de marras (en aras de la libertad de expresiòn).
Còmo puede una persona como la que me estoy refiriendo, con una serie de condicionamientos que lo hacen no apto para realizar un anàlisis objetivo e imparcial de la realidad, emitir juicios de valor como si èl fuese la ùltima palabra y el veredicto final?
La intolerancia es del intelecto, no del corazòn.
26/Octubre/2008 a las 13:03
Qué credibilidad puede tener un articulista a quién el Coronel Chávez le merece mas respeto que San Agustín o Santo Tomás de Aquino? Sin duda un ejemplo claro de "ser oscuro por dentro".