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"Íngrid me salvó la vida", afirma uno de los rehenes (II)

Publicado el 02/Marzo/2008 | 11:14

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"Yo he vivido una tortura interminable"


Gloria Polanco, tras la liberación junto a otros tres ex congresistas, manifestó entre llanto que solo la esperanza de volver a ver a sus hijos logró mantenerla con vida pese a las dificultades del cautiverio y al asesinato de su esposo por la guerrilla.

"Yo sufrí y he sufrido terriblemente porque pasé por etapas supremamente duras, me secuestraron con mis dos hijos mayores, me separan de ellos a los siete meses, me meten a una "cárcel" y después es asesinado mi esposo", recordó Polanco en declaraciones a radio Caracol, de Bogotá.

Polanco, de 49 años, fue secuestrada el 26 de julio de 2001 por un comando que asaltó el edificio de apartamentos en la ciudad de Neiva (350 km al sur de Bogotá), donde vivía y se la llevó junto con dos de sus tres hijos, entonces menores de edad y quienes recuperaron la libertad el 13 de julio de 2004.

"Fue una tortura impresionante, especialmente en lo mental. Todos los días levantarnos y mirar lo mismo, hacer lo mismo, desayunar y almorzar lo mismo. Era muy triste", señaló Polanco, al resumir la vida de un grupo de rehenes de las FARC en lo profundo de la selva.

Uno de los momentos más duros de su cautiverio, señaló la ex congresista, fue la tarde del 3 de diciembre de 2005, cuando se enteró por un programa radial dirigido a los secuestrados que su esposo, Jaime Lozada, había muerto en un atentado de las FARC.

"Lloré toda la noche. Los guerrilleros me suministraron un plástico y un encendedor para que llorara allí, a la luz de una vela. Al otro día me tocó caminar media jornada llorando por todo el camino. No volví a salir, no volví a tomar alimentos durante casi un mes, no quería salir a nada", narró Polanco envuelta en lágrimas.

La recién liberada señaló: "Poco a poco fui tratando de recuperarme, porque tenía más responsabilidad con mis hijos. Ellos me necesitaban, habían quedado solos".

"Tomé conciencia, ellos me daban toda la fortaleza. Me decían (en mensajes radiales) que estaban fuertes y echando para adelante, y eso me ayudó muchísimo, por lo que traté de superar todo esto, con mucho dolor", agregó.

Incluso, recordó que en varias oportunidades les dijo a los guerrilleros que sus hijos habían quedado huérfanos, pero que ellos respondían que no era así, pues tenían a la mamá.

"Yo les respondía que no, que estaba muerta en vida y que mis hijos se encontraban allá sufriendo amargamente", anotó Polanco.

"No hallaba qué hacer. Sentía enloquecerme, pero sacaba fuerzas y tenía que hacerlo porque necesitaba mucha, mucha fuerza. Y por eso estoy aquí en este momento, feliz y dichosa, en medio de mis seres adorados, agregó la ex rehén mientras abrazaba a sus hijos Daniel, Jaime Felipe y Sebastián.

Géchem es uno de los que está más delicado de salud


Jorge Eduardo Géchem fue secuestrado el 20 de febrero de 2002 por una facción de las FARC que obligó al piloto de un avión de la compañía local Aires a aterrizar en una carretera en el Huila.

Géchem, al parecer, ha sufrido varias crisis cardíacas en cautiverio. El pasado 14 de enero, la liberada Consuelo González le entregó a la esposa del dirigente, Lucy Artunduaga, una carta en la que relata que en su cautiverio ha sufrido cinco preinfartos y una úlcera sangrante. En esa carta, el político le dice a su esposa que pida al ahora ex líder cubano Fidel Castro, que intervenga para que se le traslade a un hospital en la isla. (AFP-EFE-PR)

Liberación: entre el show mediático y el chantaje


Por Joaquín Hernández Alvarado, articulista de HOY

El inevitable suspenso y dramatismo, la cuota obligada de espectacularidad que han generado las entregas de rehenes por parte de las FARC en los últimos dos meses no deben ocultar la estrategia política a la que responden. No se trata de ningún gesto de "humanismo guerrillero", sino de una estrategia política que busca sacar a ese grupo de la situación de acorralamiento en que se encuentra. Si bien es cierto que han sido liberadas seis personas, continúan cautivas y en las peores condiciones por lo menos cuatro figuras políticas, entre ellas Íngrid Betancourt, tres estadounidenses, 33 miembros de la fuerza pública, todos ellos definidos como "canjeables" y, adicionalmente, según datos del Gobierno colombiano, unas 700 personas más. La retención de Íngrid Betancourt, pese a la gravedad de su estado de salud, no se compadece con ningún gesto humanitario, sino con el frío cálculo político que es prácticamente un chantaje.

Lo que buscan las FARC en primer lugar es un protagonismo mediático que les posicione como interlocutores del Gobierno colombiano. Es el otro nombre de la petición del presidente Chávez: que se les declare como fuerzas beligerantes. Las FARC necesitan hoy más que nunca este posicionamiento. La ejecución de la política de Seguridad y Democracia del presidente Álvaro Uribe durante estos años ha ido arrinconando a las FARC no solo militarmente, sino también políticamente a escala internacional. A escala nacional, la estrategia del Gobierno ha obligado al grupo guerrillero a un repliegue en todos sus frentes y a la pérdida de territorios, hombres y fuentes de financiamiento. A escala internacional, sobre todo europea, la declaración de terroristas les ha costado la pérdida de importantes contactos y relaciones económicas.

El proceso calculado de liberación de los rehenes ha significado para las FARC además una ventaja adicional: la posibilidad de introducir el caballo de Troya en los muros de la ciudad. Así se entiende la presencia del presidente Chávez en el escenario político colombiano. Chávez es hoy en día un actor más del conflicto Estado colombiano-FARC. Puede opinar sobre la política colombiana e incluso desacreditar internacionalmente al presidente Uribe. Si la liberación de unos cautivos y el cautiverio de otros sin importar las condiciones en que se encuentren es un chantaje, la intromisión de Chávez en el proceso político colombiano es una forma de presión contra el Gobierno de Uribe. El deterioro de las relaciones entre los dos países preocupa notablemente al sector empresarial colombiano, que ve con preocupación la pérdida de su mayor mercado en la región. La presencia de Chávez ha permitido la intromisión de otra figura política, la del presidente Daniel Ortega, que califica de amigo al jefe del grupo guerrillero Manuel Marulanda sobre el transfondo del diferendo limítrofe entre Nicaragua y Colombia en las aguas del golfo de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que ha vuelto precisamente a agitarse en estos días.

Las FARC no han hecho esperar el pago por las entregas de rehenes. En un comunicado del miércoles de la semana pasada declararon que no habrá más liberaciones y pidieron el despeje de los municipios de Florida y Pradera durante 45 días para negociar con el Gobierno la liberación de rehenes en presencia de la comunidad internacional. Y, posteriormente, para pactar las condiciones de paz, el despeje de dos departamentos, Caquetá y Putumayo. El show mediático ha terminado.

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Hora GMT: 02/Marzo/2008 - 16:14

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