Expertos consideran positivo que, en ciertos casos, infantes con capacidades especiales puedan asistir a la educación regular

El Ministerio de Educación inició este año la primera fase de contratación de 429 profesores destinados al sistema educativo especial, quienes deberán someterse a un concurso de merecimientos.
La cartera de Estado prevé llenar 1 500 plazas en 2010 para este tipo de educación entre docentes y personal de atención a jóvenes con capacidades especiales.
Según el Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis), un estudio realizado en 2005 reveló que 13,2%, es decir 1, 6 millones personas, tiene algún tipo de discapacidad en el Ecuador. De ellos, el 76,2% no recibe ningún tipo de educación.
En tanto, el Ministerio determinó que se necesitarían unos 7 000 profesores para educar a niños especiales en el país. Actualmente, en escuelas fiscales, municipales y fiscomisionales trabajan 1 600 docentes en 185 unidades.
Esta nueva convocatoria cubrirá una pequeña parte de la demanda que requiere la educación especial, pero la intención del proyecto es que niñas y niños con ciertas discapacidades puedan integrarse a escuelas regulares.
Entonces, ¿será realmente beneficioso para un niño con capacidades especiales estudiar en una escuela regular?
Ese es el dilema de Luisa Molina, madre de Sebastián, de cuatro años, quien tiene un ligero retraso mental que se refleja en problemas de lenguaje.
Luisa no cree que la educación regular sea conveniente para su hijo y teme, además, que el niño sea rechazado en la escuela.
"El Sebas no puede hablar y cuando quiere algo, y no le entienden, grita. ¿Quién le va a tener paciencia?", se lamentó la joven madre. Sin embargo, ella reconoce que varios especialistas le han dicho que el problema de su hijo no le impide acudir a un centro educativo regular.
Mientras tanto, para Alexandra Torres, especialista en educación especial, la idea de incluir a infantes con capacidades especiales en la educación regular es acertada y ha dado buenos resultados en otros países.
Torres explicó que esto no significa un retroceso para el niño especial y pone el ejemplo de Anita, una niña con síndrome de Down, quien "empezó a hablar cuando ingresó al centro infantil regular, en parte imitando a sus campañeritos", explicó.
Por su parte, Mónica Espinosa, directora del centro educativo El Puente, manifestó que viene trabajando con niños regulares y especiales a la vez, desde hace 20 años. "Hemos obtenido resultados maravillosos, porque los niños son tolerantes, se sienten iguales y se ayudan", acotó.
Pero, la maestra consideró que se debe preparar bien a los docentes para afrontar este reto, "porque hay muchos síndromes que no se pueden ver a simple vista y se necesitan conocimientos mayores para no emitir diagnósticos erróneos", aseguró.
Ambas coinciden en que quienes se llenan de prejuicios son los adultos: "Los padres de niños regulares creen que su hijos van a ser contagiados con alguna enfermedad, y quienes tienen niños especiales los quieren mantener en una burbuja", señaló Torres.
En este tema, el proyecto estatal propone, además de capacitar a los maestros, trabajar con los padres para que comprendan y formen parte del proceso de inclusión educativa, que se busca llevar a cabo. (CRR)
Cuándo sí y cuando no
Expertos dicen que jóvenes con síndrome de Down, retraso mental leve o autismo pueden estudiar en escuelas regulares.
En casos de niños con parálisis cerebral o retraso mental severo, es recomendable buscar atención especializada.
El caso de superdotados
Laura Veintimilla, coordinadora de Inclusión Académica del Ministerio de Educación, señaló que cuando se habla de necesidades educativas especiales se hace referencia a todo lo que sale de lo normal.
En este sentido, la funcionaria aseguró que se han implementado procesos de detección y capacitación docente para brindar un apoyo apropiado también a niños que presentan altas competencias, conocidos también como superdotados.
El psicólogo educativo Pablo Montalvo consideró que hay que dar una atención especial a los niños que demuestran superdotación. "Ellos tienen otra forma de observar su entorno y si el maestro no cubre sus expectativas educativas, por lo general se aburren y buscan maneras de copar el tiempo hasta convertirse en el niño problema, el que más molesta en clases", dijo Montalvo. (CRR)
Hora GMT: 01/Febrero/2010 - 05:03
















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