Analisis
Simon Cueva
Vicerrector, Universidad de las Américas
El Presidente Obama anunció la semana pasada un impuesto especial a los grandes bancos americanos, para recuperar las pérdidas asumidas por el Estado a través del plan de salvataje bancario frente a la última crisis financiera.
En las múltiples crisis financieras de las últimas décadas, los gobiernos acaban pagando sumas importantes por apoyos que resultan, en muchos casos, ser un "mal menor": no intervenir puede ser aún más grave, ya que puede implicar el colapso del sistema de pagos, que los bancos ya no presten plata y crisis muy profundas y dolorosas. Al mismo tiempo, en medio de las crisis es difícil distinguir a los bancos que se arriesgaron indebidamente, por ambiciosos o en algunos casos por corrupción. Por ello, las medidas de salvataje son poco populares, complejas y a veces injustas.
El nuevo impuesto sería pagado a lo largo de diez años, para evitar un impuesto excesivo de entrada, que podría frenar demasiado el crédito y dificultar la recuperación económica.
El impuesto sería proporcional a lo activos bancarios, una vez deducidos su capital y sus depósitos. Así, los "bancos de inversión" (que casi no tienen depósitos) pagarán mucho más que los "bancos de depósitos". Los primeros tienden a ser más arriesgados (y, también por eso, más rentables), por lo que generan mayor peligro de nuevas crisis. Aunque imperfecta, la propuesta tiene el mérito de intentar cobrar más a los más arriesgados.
Lo interesante de la iniciativa es que busca un sistema pragmático para que los bancosque generan potenciales costos sociales al tomar riesgos indebidospaguen por el "seguro" que les proporcionan los gobiernos con medidas de salvataje. Permitiría cobrar a los bancos una "prima de riesgo" y, al mismo tiempo, apoyar a la banca en momentos de crisis.
Hora GMT: 19/Enero/2010 - 05:02
